Visión criminológica de la ley federal de Justicia para adolescentes

Articulo de la Revista Expresión Forense escrito por Edgar Alejandro García Martínez


Introducción


La Reforma del 18 de junio de 2008 hace énfasis en el garantismo como directriz principal de los procesos que se han de llevar a cabo para evitar que el impune quede sin castigo, la víctima tenga una resuelta reparación del daño, la carga de la prueba por parte del Ministerio Público y que los medios de prueba obtenidos sean conforme a derecho, que en caso contrario, carecerán de todo valor probatorio. Dichas finalidades tan nobles se hacen patente con el nacimiento del Sistema de Justicia para Adolescentes el cual ve la luz a través del Diario Oficial de la Federación el 27 de diciembre de 2012, que con esta Ley de Justicia para Adolescentes el panorama del acceso a la justicia de las víctimas por parte de estos menores infractores en conflicto con la ley se hace patente, en un Sistema Penal Acusatorio en el cual también se contemplan medidas alternas de solución de conflicto, en casos en los que los delitos son de querella, además de contemplar un trato hacia el adolescente, humano, garantista y con una serie de disposiciones que se concatenan con la observancia de los instrumentos internacionales que México es partícipe como Estado integrante.



La Criminología, como ciencia presente en el estudio de los hechos antisociales y parasociales que se practican a diario en diversas sociedades, sigue dando muestra de sus grandes aportes para comprender lo complejo de la estructura jurídica aplicada a los fenómenos biológicos, psicológicos y sociales, es el caso de la prevención, intervención y la predicción del delito. Pues la criminalidad como un acto meramente humano siempre será constante en las estructuras que dañan ya no solamente a la víctima, sino al Estado; figuras tan notables con el llamado “Estado de excepción” que aún y con las reformas tan garantistas que se pregonan, siguen apareciendo dentro de nuestros ordenamientos jurídicos, aun en el caso de los adolescentes como se podrá observar en su momento en el presente estudio.

Independientemente del Sistema de Justicia Penal que se aplique, es la Criminología una ciencia complementaria para adaptar y comprender toda estructura de gobierno que se pretenda ejercer a través de la política de lo criminal, es entonces el momento de cotejar las pretensiones legislativas contenidas en los ordenamientos sustantivos de la materia de justicia para adolescentes a nivel federal en México.


Algunos autores comentan la “normalidad” de la criminalidad a diferencia de la “criminalidad violenta”, siendo esta diferencia la novedad de método o herramientas utilizadas para cometer un hecho delictivo y que sin duda, llegan a tener un gran impacto en lo social, en lo económico y en lo político, siendo éste último factor de constante y voluble cambio, las legislaciones y la protesta social, son consecuencias de las carencias de gobernabilidad que acarrea este gran fenómeno de interés criminológico. Habrá de entenderse que la criminalidad como acto humano siempre ha existido y seguirá existiendo, siendo una constante que debe ser monitoreada y controlada, el Estado tiene el legítimo deber de involucrarse en la protección de los bienes jurídicamente tutelados, de primordial importancia, la vida y la propiedad de los ciudadanos.


Atrás quedaron los tiempos en que lo local, regional o estatal, limitaban los conocimientos, no solo buenos sino de prácticas adquiridas y maneras de ejercer las prácticas delictivas, pues como bien es sabido, el uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TICs) son de los primeros fenómenos sociales que implican la difusión de la información y el conocimiento como constantes en el proceso de globalización; de ahí que podemos conocer cómo es que una persona que vive del otro lado del mundo ejerce violencia contra cualquier valor humano, adquiriendo con ello notoriedad, no entendida al menos en ciertos ámbitos sociales del México moderno, como un “criminal”, sino como la liberación y empoderamiento del particular, de aquél que se atrevió a quitar una vida, a robar a un transeúnte, burlar a la policía, a difundir fotos de él con alguna arma de fuego en redes sociales, sin entereza por parte de la Policía y aún con el patente cinismo de estar fuera de la ley.


Esta apología del crimen, se difunde como un ejercicio de libertad de expresión en el que el Estado debe permanecer cauteloso, más que por censura, por previsión de aquellos que tengan potencialmente las capacidades de “pasar al acto” y así transgredir el ámbito de protección del Estado.


El caso de los adolescentes no es contrario a estas apreciaciones, pues como bien se enuncia dentro de las teorías del desarrollo psicológico, el adolescente busca reconocimiento a través de sus grupos de pares, quienes por afinidad comparten valores e interactúan en base a un lenguaje y simbolismos específicos, gran parte de los mismos, influenciados por los medios de comunicación, de los cuales se tiene gran uso como medio de entretenimiento, llegando a ser mayor el uso de estos medios que por la interacción real y contacto humano con sus demás compañeros.


La importancia de esta manera de adquirir otras culturas (series de televisión, ídolos de YouTube, memes, etcétera) se destaca ya que al conocer la frase del mes, o la imagen viral de moda, es de alguna manera exigible para interactuar con los demás. En este sentido, la cosmovisión de desechar más rápido la información ya ha sido estudiada por Bauman, quien nos habla en sus contundentes aportaciones sociales, de la “realidad líquida”; siendo esta una forma moderna de adquirir y desechar; mientras con mayor intensidad se dé esta práctica, notable y sobresaliente será dentro del grupo de interacción social que se procure el obtener prestigio y liderazgo, es decir; Bauman comenta la posibilidad de teorizar la manera en que anteriormente se consideraba el éxito en aquellas personas que llegaban a ostentar más cosas, siendo que el capitalismo hace al ser humano un consumidor voraz, reconociéndose a aquél que habría escalado en el estatus social, como el que tiene más.


En los tiempos modernos, Bauman asegura que la realidad ha dejado de ser tangible, para pasar a ser líquida, siendo esta inefable, ilusoria y dramáticamente falaz; pues el paradigma de éxito es aquél ya no de consumir más y ostentar más cosas, sino de tener y desechar a la velocidad más rápidamente posible, como es el caso de las mercancías y aún de las relaciones humanas. El humano ha pasado de ser a cosa, y menos que un consumidor, un deudor insaciable; ejemplos constantes como los dispositivos electrónicos, la ropa y las relaciones largas sin compromisos, son ejemplos observables de este consumismo.


Entendidas estas estructuras sociales, el adolescente buscará consumir y desechar, ser aquél que puede terminar sin reparar las relaciones sociales, encumbrando el deseo de tener (poseer) más emociones, más intensidad, más, en el menor tiempo posible. Es aquí donde lo social muestra enfoques cualitativos de gran apreciación para la Criminología; ya que el adolescente tiene ídolos, acaso héroes, siendo la imitación la manera más primitiva de admiración, procurará ser como aquél, que viste, habla, conduce, baila y desecha, modelando su carácter con esta precaria práctica de lo real.


Imaginemos ahora, que es este adolescente el que carece de aquello que su héroe posee, que no tiene los medios económicos o la seguridad para ostentar y desdeñar como lo hace aquél, por supuesto que el tema de tolerancia a la frustración se hará presente cuando se introyecte esta carencia material, que bien puede asimilarse por el adolescente como una carencia afectiva, habría de apostarle a su educación inicial de los primeros cinco o seis años de su vida, cruciales para determinar si es que su madre y padre se responsabilizaron y comprometieron con el ejemplo de crear hábitos y valores lo suficiente crimino repelentes, para qué pasada su etapa de formación, el adolescente sin vigilancia o actos imperativos, pueda introyectar la idea que dicho evento no es correcto, que de ejercerlo, habrá consecuencias y no el castigo sino su conciencia será la primera en reclamarle el daño que se causa por esa conducta en específico.


Es el momento en que el adolescente al no encontrar el castigo, como elemento primordial de interiorizar que “a mis padres les importo”, entiende que esa ausencia de atención no solamente se carece en eventos que son importantes para él, sino que también sucede en aquellos eventos en los que se porta mal y no obtiene una reprimenda.


Situación que asimila con gran peso, para que dentro de sus conductas consecuentes no sea raro apreciar que sus bromas o bien sus actos, se incrementan de intensidad, siendo la violencia la máxima expresión de llamado de atención, constante búsqueda, por el castigo que no obtuvo cuando era niño. Ocasión en la que por la natural fuerza que ha desarrollado, los padres o tutores ya no tienen la capacidad de introyectar dichos valores, sino más bien quien ahora sufrirá las consecuencias de esa mala crianza será la sociedad, y el encargado de reprenderlo como infractor será el sistema de justicia especializado para adolescentes.


El panorama a casi 5 años de la publicación de la Ley Federal de Justicia para Adolescentes está en constante cambio. Es así como en el presente estudio se persigue mostrar un panorama concatenado con la ciencia criminológica y jurídica, de las cuales, la primera ha mostrado interés por la víctima desde sus orígenes y los procesos sociales de etiquetamiento delictivo.


Análisis general de la Ley Federal de Justicia para Adolescentes Dentro de la Ley Federal de Justicia para Adolescentes se encuentran una serie de disposiciones que hacen del garantismo dentro del Derecho Penal una realidad plausible en las herramientas jurídicas y de gran aplicación a las controversias causadas por las conductas tipificadas como delitos que cometan estos o los adultos jóvenes.


Es indispensable saber que la asimilación del Sistema Penal Acusatorio aún en el ámbito de los adolescentes o adultos jóvenes en conflicto con la ley, es la manera en que vio la luz esta reforma, pues no hubo transición del sistema mixto a uno acusatorio, esta pureza procesal con la que este sistema es ejercida debe mantenerse bajo vigilancia constante y no migrar prácticas nocivas que se tienen en el sistema mixto, o como algunos llaman “inquisitivo”, del proceso penal para adultos. Retomemos entonces, la comparación de ciertas teorías criminológicas en contraste con algunos apartados de la Ley Federal de Justicia para Adolescentes.


Para comprender el fenómeno de la delincuencia juvenil, se hacen presentes un sinfín de teorías, y que por la practicidad del presente estudio, nos permitiremos mencionar solo algunas, como en el caso de Durkheim, quien mostró el panorama de la “anomia” como teoría base sobre la cual se esquematiza el proceso en el que el Estado ha dejado de cumplir con su obligación de crear tejido social, para dar paso a un estado de lejanía y abandono hacia sus propias instituciones y a sus gobernados, creando éstos, sus propias posibilidades de subsistencia para conseguir los elementos básicos que el gobierno no emite como insumos, como base de esta acción la delincuencia es el origen de toda manera de obtener los satisfactores económicos y anímicos que se pueden afianzar por la actividad que transgrede a la comunidad, y sobre todo a los intereses del Estado, tan es así que dentro de la psicología del desarrollo del adolescente es necesario identificar patrones a seguir y ejemplos de vida, que serán el modus vivendi de los futuros adultos.


No solamente la educación es el moldeado que se ha de tener para encausar a un ser humano como integrante de la sociedad, dotándolo de los valores y las directrices comunes para su interacción y consumo dentro del propio sistema, también la familia como institución primera cumple esa parte formativa, y es hasta esta parte en la que la configuración de un esquema de personalidad para el adolescente está registrado con tolerancia y funcionalidad, de gran importancia muchas veces se soslaya la coherencia entre estas dos funciones primordiales, pues de nada servirá dotar de valores socialmente positivos al individuo si en la sociedad en la que vive aprecia a los corruptos, materialistas y políticos, como entes “altamente exitosos” para su esquema de valores, atrás quedan las discusiones sobre lo consumista del capitalismo, sino que en este estudio se hace patente la criminalidad como un modelo de vida.


Dentro del apartado de “Responsabilidad de los Adolescentes frente a la Ley Penal”, se puede identificar el poco intervencionismo del Derecho Penal en aquellas conductas tipificadas como delitos que materializan los menores de edad, hace peculiar distinción entre adolescente y adulto joven, siendo la base de esta clasificación la edad que tenía el individuo al cometer el delito. La mínima intervención configura un esquema de trato especializado y no especial, entendida esta última como la separación del régimen siendo la especialización el conocimiento específico necesario para el trato con los menores de edad.


Lo referente al apartado de las “Policías Federales”, se puede hacer patente la aplicación del principio de legalidad por estos elementos, que como representantes de la Ley y del Estado, hacen su aparición como Primer Respondiente en aquellos escenarios en los que se presente el conflicto dentro de la sociedad. El uso de candados de mano y técnicas de control físicas siguen siendo jurídicamente válidas, siendo el gran aspecto a cubrir, la documentación de los actos y la flexibilidad a la que haya lugar para controlar la situación de violencia que se haya generado con motivo de su intervención.


La presunción de la edad de la persona que haya cometido una conducta tipificada como delito, es otro de los grandes avances en la sustentabilidad de esta Ley, pues la presunción de inocencia y todas aquellas conductas necesarias para dirigir y controlar al menor de edad, será integral en la función de evitar el etiquetamiento social, procurando con ello, la protección de su identidad, la concientización de su responsabilidad y finalmente el otorgamiento de una segunda oportunidad. Es entonces como para el mundo del Derecho Penal para adultos el adolescente sigue siendo inimputable, desplazándose esa esfera de acción a leyes especializadas en la materia como es el caso de la Ley de Justicia para Adolescentes.


Ahora bien, es de imperiosa necesidad conocer el entorno en que el adolescente se desarrolla, saber quiénes son nuestros adolescentes en conflicto con la ley y que no son distintos a los adolescentes del grueso de la población, es decir, su proceso de construcción de personalidad es manifiesto, constante y progresivo, siendo común que el adulto “etiquete” determinadas vestimentas, lenguaje o señas, cuando este es únicamente el sentido de pertenencia que tiene el adolescente en determinados grupos sociales, el cual sigue ostentando un papel, desempeñando un rol y siendo enteramente capaz de distinguir entre el esquema de valores en la casa y el esquema de valores de su grupo social de predilección; de abismal significancia tratar de interactuar con los canales de comunicación y valores de un adulto maduro en relación con los de un adolescente que ha elegido comunicarse por otros medios, los cuales pudieran ser mal vistos por el resto de su comunidad.


La importancia de la teoría Criminológica del etiquetamiento social o “labelling approach”, consiste en hacer consciencia en el proceso de asimilación de la etiqueta para finalmente ser quien se dijo, a través de otros y no de la misma persona que ha sido etiquetada, lo que se es. Así por ejemplo, el reforzar en un niño que es “flojo” o “tonto”, será una etiqueta que sin lugar a dudas le creará muchos conflictos en la juventud y aún en la adultez, inseguridades, dependencias, y todos aquel potencial que se perdió por la manera en que se afrontó la frustración de un evento o bien el desplazamiento de un comportamiento hacia aquél niño.


Ahora imaginemos ese mismo proceso de etiquetamiento pero en conductas antisociales que cometa un niño, al ser reforzadas como “ladrón”, “bandido”, etc. En un inicio será una etiqueta que el propio niño la vea como extraña, pero cuando gradualmente dicha etiqueta es reforzada en diversas situaciones o escenarios, el adolescente tenderá a ser coherente con ese comportamiento que ha sido reforzado durante su niñez temprana, tiempo formativo que jamás volverá a ser el mismo. Para finalmente, y ya que haya cometido diversos actos delictivos, esa misma etiqueta sea asimilada como parte de su identidad, y todos aquellos valores sociales que fueron tergiversados a través de un doble vínculo se disipará, pues aquellos que son “rateros”, “bandidos”, “delincuentes”, cuentan con un lenguaje propio, un sistema de valores propio y la subcultura que en algún tiempo se vio distante, será la manera en que se adapte a su modus vivendi.


De aquí la importancia del etiquetamiento social en edades tempranas sea criminógenamente perjudicial para el adolescente, siendo conscientes de estos procesos, se habrá de tener en cuenta en qué circunstancias se encuentran los adolescentes de hoy en día. Que como las estadísticas lo refieren (INEGI-CONAPO); el número de adolescentes procesados en primera instancia registrados en asuntos abiertos por cada 100 mil adolescentes por entidades federativas seleccionadas. 2012, la entidad con mayor incidencia es Nuevo León con 445. 53, Chihuahua de 241. 72 y Zacatecas con 238.32. “Distribución porcentual de víctimas registradas por tipo de conducta antisocial seleccionada del que fueron sujetas según sexo 2012.” Teniendo en el siguiente concentrado (Ver tabla 1).



Los anteriores datos nos dan una muestra de la clase de delitos que con mayor frecuencia se presentan en nuestro país, siendo estos el: homicidio, robo y delitos contra el patrimonio, pudiendo ser estos mismos como daños u otros; como bien se puede apreciar, estamos ante delitos que en su mayoría son instantáneos y únicamente el robo es continuado, en el entendido que el adolescente regularmente, no tiene una planificación tan elaborada como pudiera serlo un adulto. Es aquí donde los programas de prevención que trabaja con adolescentes deberán ser enfáticos en aspectos de tolerancia a la frustración y dotar de las herramientas cognitivas y conductuales al adolescente que no ha tenido otro medio de interacción más que el familiar, que muchas veces puede ser nocivo para él mismo.


Discusión


En el Sistema de Justicia para Adolescentes se integran una serie de disposiciones encaminadas al derecho penal mínimo, con el cual se es garante de elementos jurídicos que contemplan desde salidas alternas de solución al conflicto, medidas cautelares, y el no etiquetado del adolescente por el proceso que haya tenido, refiriéndonos a la carta de antecedentes no penales y antecedentes no registrales, y con ello dando pauta a un “nuevo comienzo” en su vida adulta. Alejado de ello se encuentra el espectro de acción del Estado, el cual simplemente ya no puede dejar de lado las acciones que generan víctimas y sobre todo un problema de seguridad y legitimidad por parte de la política pública de seguridad.


Al inicio de este estudio comenzamos con temas referentes a la globalización y a los remanentes de la misma dentro de las sociedades en las que se “implementa” la civilidad y el progreso como manera de contribución a la comunidad internacional, siendo la ocasión en que el poder es global y la política local, los tratados internacionales son los que evidentemente originaron la implementación del Sistema Penal de Justicia para Adolescentes, no las necesidades de la sociedad mexicana, no el reclamo social y en definitiva, no la voluntad política interna. Siendo grandes instituciones como la Organización de Naciones Unidas, la Corte Penal Internacional y el Banco Mundial, de las principales instituciones que tienen poder vinculatorio y político en todos los actos jurídicos que se deban desempeñar dentro de la nación mexicana.


La gran problemática a la que se enfrenta el tema de procesamiento para adolescentes es el entorno en el que sus funcionarios públicos especializados deberán de actuar, es decir, desde el Primer Respondiente que es el policía, hasta la Unidad Especializada que se encargará de diseñar un programa específico para llevar un tratamiento enfocado a su reeducación. No se trata de la adaptación de funcionarios, sino de la constante y permanente capacitación de todos estos actores, para conseguir el objetivo último, que es dotar al adolescente de las herramientas indispensables para que pueda ser funcional dentro de la sociedad.


Para ello la Criminología Crítica hace una distinción entre lo que es el ser humano, y lo que el sistema tiene el interés de moldear para sus fines de consumismo y enriquecimiento, pues vaya que como Bauman afirmaba, se deja de ser humano para comenzar a ser consumidor. Será esta la directriz en la que se enfoca el tratamiento de adolescentes, en el caso que se tenga “un plan de vida diseñado para la población joven”. En el momento en que distinto, deja de ser innovador y comienza a ser peligroso.


Conclusión


Tras dichas reflexiones se puede llegar a las siguientes conclusiones:

El Sistema de Justicia Penal para Adolescentes es producto de política internacional, que la nación mexicana adopta en un esfuerzo de cooperación internacional. La especialización de los operadores debe ser constante y permanente, no habiendo lugar para la improvisación o la migración de viejas costumbres adquiridas en el Sistema Penal para adultos, antes Sistema Inquisitivo.

Las teorías criminológicas de etiquetamiento social, interaccionismo simbólico y anomia, son aplicables a los procesos en los que se ven involucrados los adolescentes o adultos jóvenes que han cometido una conducta tipificada como delito.

El discurso de legitimidad del Estado debe ir acompañado de políticas públicas que garanticen no solamente la implementación de un Sistema de Justicia Penal para Adolescentes, sino el empoderamiento de los mismos a través de políticas transversales de integración social.

La remisión de los casos penales en el ámbito de justicia para adolescentes, así como las medidas alternas de solución de conflictos y las medidas cautelares, son figuras jurídicas que garantizan el principio de mínima intervención en el caso de adolescentes en conflicto con la ley.

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