Peritos Piratas

Escrito por Juan Martín Hernández Mota


La imagen de la ciencia que nos venden en TV y algunos medios de comunicación, es de una simplicidad engañosa. Pareciera que todo lo que se necesita para hacer ciencia y un buen dictamen pericial es curiosidad, fines comerciales, marketing, dinero y culto a la personalidad. Plantearse un problema y aplicar técnicas y asumir el riguroso método científico (observación, hipótesis, experimentación, análisis, conclusión...), es innecesario, sobra, estorba. Valen más los reflectores, los contactos mediáticos, cinco minutos de gloria en la pantalla, los objetivos finales son alcanzar una buena tajada del presupuesto gubernamental o empresarial. Habla, habla mucho, busca espacios en noticieros, coloca imágenes de tu rostro en todos los medios a tu alcance, busca que se te entreviste, distorsiona la realidad, alcanza tus fines aviesos.



El verdadero investigador, el que aplica conocimiento científico, sabe que la realidad de un suceso no es algo que simplemente se “descubra”, que esa realidad que se intenta reconstruir se encuentra apoyada en evidencia sólida, y que una vez demostrado, tiene que pasar además por un cuidadoso proceso de revisión, crítica y evaluación por parte de otros investigadores.


Este mecanismo de “revisión por pares” culmina con la presentación del dictamen y que puede soportar la revisión de árbitros expertos. Este sistema permite evaluar el trabajo de los verdaderos científicos forenses.


Hoy el sistema se ve amenazado, el surgimiento de falsos investigadores que publican sus opiniones sin permitir que sean evaluados. Son a veces difíciles de detectar cuando abogan a una experiencia soportada en mentiras, en curriculums armados con volutas de humo, para ellos no existe control de calidad y evaluación científica, son dueños de sus palabras, fantasías en YouTube, no responden ni se enfrentan a verdaderos académicos, total, una imagen vale más que mil razonamientos, la voz en off no permite preguntas, cuestionamientos, nada.


Soltar un anzuelo y atrapar incautos. Opinar sobre casos relevantes ya resueltos por verdaderos expertos, por “factores de impacto” y para simular que son ”expertos”, los colocan como mercenarios de poca monta y fraudulentos, obscenos sacados de la cloaca a donde fluye la basura intelectual, desechada por corrupta y acomodaticia, fraudes científicos, mecenas de la desgracia, piratas del conocimiento, desgracia de la sociedad. Si la ciencia en México y los sistemas de procuración y administración de justicia quieren mantener, mejor dicho, buscar calidad, tendrán que reforzar sus mecanismos de vigilancia y control de estos modernos Piratas Forenses.

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