El Incesto Paterno Filial, la Corrupción del Vinculo Parental

Artículo extraído de la Revista Expresión Forense, escrito por María Marta Corrado.


La mayoría de los abusos sexuales en niños/as y adolescentes se produce en el ámbito familiar, uno de los más frecuentes es el cometido por los padres respecto de sus hijas, cuyas consecuencias son irreversibles por el particular posicionamiento que existe entre los protagonistas de esta historia de horror y sometimiento.



Es la misma sangre la que hiere, abusa y mata ante la mirada perpleja de una niña que acepta y confía sin una acción o una figura de sostén que impida o neutralice el daño. Sin mirar hacia otro lado, cambiando el paradigma de los deberes y derechos que rigen en esta unión, debe considerarse el incesto paterno filial como una figura autónoma por sus características singulares.


E l abuso sexual infantil merece el repudio desde todos los ámbitos sociales, y resulta aún más inasequible la idea cuando la víctima de esos actos es la hija o hijo del adulto responsable de su cuidado y protección.


Los actos abusivos hacia un/a niño/niña o adolescente provocan múltiples consecuencias en el desarrollo posterior de su vida psico-afectiva. Consecuencias devastadoras e irreparables generan estas conductas que se enmarcan en el denominado “incesto paterno filial”, donde los protagonistas participan de esta oscura, tenebrosa y aberrante historia de culpas, silencios, humillaciones y sometimiento; el vínculo existente entre ellos está caracterizado por la asimetría de poder, dominación, desigualdad y confianza.


Las conductas abusivas desplegadas sobre una niña/hija provocan un arrasamiento en su psiquismo que configuran, según el decir de las propias víctimas, “una muerte en vida”.


Aquí existe un victimario cuyo perfil se define por haber concebido a la víctima, y de hecho, por tener la obligación social, civil y psicológica de tutelarla, inculcándole normas culturales socialmente aceptadas, pero la particularidad de este padre es que arrasa con esas normas y derriba las barreras derivadas de la consanguinidad.


La misma consideración debe efectuarse en aquellos casos en que las niñas son adoptadas o reconocidas por estos individuos, pues cuando se lleva a cabo una violación incestuosa, el padre adoptante o reconociente justifica su accionar manifestando que no son verdaderamente sus hijas, añadiendo un posicionamiento diferente en las víctimas, quienes sienten un deber de gratitud frente a aquel que se ha hecho cargo de su cuidado, que les ha dado su apellido y que las ha incluido en un grupo familiar, otorgándoles un status social. Las niñas reconocen a aquel como padre, con los derechos y deberes que esta investidura les otorga.


Lee el artículo completo en la Edición 56 de la Revista Expresión Forense.

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