Neurocriminología

Por Aura Itzel Ruíz Guarneros

Pero aún con la ayuda de las técnicas más avanzadas de la neurociencia de que hoy disponemos, es poco probable que lleguemos a describir toda la gama de fenómenos neurales asociados a un estado mental. "El cerebro creó al hombre" (2010), António Damásio

Resumen


Actualmente ya es una práctica frecuente que en algunos tribunales de justicia de ciertos países están utilizando la técnica de neuroimagen y se están generado nuevas investigaciones para tratar de explicar el comportamiento, no se trata de extraer conclusiones generales y deterministas sobre el delito y la criminalidad, ya que se trata de un fenómeno complejo en el que existen diferentes y múltiples causales, sin embargo actualmente vivimos en la época de las “Neuro”: Neuroderecho, Neuropolítica, Neuroética, estos son algunos términos que aparecen actualmente en diferentes campos de estudio, abriendo paso a conocimientos sobre el funcionamiento del cerebro y las implicaciones que puede tener el al ámbito del sistema penal, es así como damos paso a una “Neurocriminología”


I. Neurociencias y comportamiento


Dentro de las Ciencias Biomédicas, el término Neurociencias es relativamente reciente. Su empleo actual corresponde a la necesidad de integrar las contribuciones de las diversas áreas de la investigación científica y de las ciencias clínicas para la comprensión del funcionamiento del sistema nervioso. Las Neurociencias cobijan un área del conocimiento que se encarga del estudio del Sistema Nervioso desde el funcionamiento neuronal hasta el comportamiento. El propósito principal de las Neurociencias es entender cómo el encéfalo produce la marcada individualidad de la acción humana. “Es aportar explicaciones de la conducta en términos de actividades del encéfalo, explicar cómo actúan millones de células nerviosas individuales en el encéfalo para producir la conducta y cómo, a su vez, estas células están influidas por el medio ambiente, incluyendo la conducta de otros individuos”.


El conocimiento de los mecanismos cerebrales puede entrever un amplio espectro de nuestras acciones “humanas” en nuestro devenir histórico-cultural y social, y así poder comprender la base cerebral de la experiencia “humana” contribuye de algún modo a nuestras interacciones dinámicas con el mundo que nos rodea. (Humar, Zoad., 2008).

La influencia neurocientífica provoca transformaciones, especialmente en dos áreas sociales el Derecho y la Criminología. Si bien el conocimiento neurocientífico no constituye por sí solo una teoría del conocimiento única, sin embargo, ahora es un referente indispensable que debe tomarse en cuenta en el área jurídica. La gran interrogante que se plantea es el de ¿qué relevancia tendrán las aportaciones de la Neurociencia en el estadio actual y en el desarrollo venidero del Derecho Penal? Es decir, si es posible que los innegables aportes derivados de los descubrimientos en la ciencia y técnica neural de las últimas décadas determinarán un cambio radical en la concepción y planteamiento o si por el contrario serán percibidos por los aplicadores y pensadores del ordenamiento jurídico penal tan sólo como nuevas descripciones de una realidad secular.(Ruiz, M.,2015).


Actualmente los avances científicos han puesto también sobre la mesa que las manifestación externa de tales factores biológicos dependen del entorno y ambiente en el que se desarrollen, en una interdependencia recíproca prácticamente indisoluble, en este caso nos referimos al incesante avance que han tenido las neurociencias que han comenzado a impactar en diferentes disciplinas, dando un panorama encaminado hacia un modelo criminológico en donde el comportamiento criminal comienza a admitirse, o siquiera a tomarse en consideración, que los factores biológicos que juegan un papel en la conformación cerebral a lo largo del desarrollo del individuo. Es decir:


  1. La conducta nunca se origina por una sola causa. Más bien es el resultado de una compleja red de interrelaciones y factores -entre ellos-, se considera las tendencias heredadas de un individuo, la anatomía del cerebro y experiencias de la infancia.

  2. Las anormalidades en la corteza cerebral, principalmente en los lóbulos frontales, que pueden causar deficiencias en el control emocional, por lo que en ciertos sujetos, no logran detener los impulsos. Además de anomalías en regiones subcorticales como en el sistema límbico, que puede obstaculizar la comunicación entre el hipocampo y la amígdala, de modo que la información emocional no se procesa correctamente. La neuroquímica irregular, también, puede causar aumento de la agresión en algunos sujetos.

  3. Si la biología y las circunstancias llevan a ciertos individuos hacia la violencia, ¿cuánta responsabilidad tienen estas personas sobre sus acciones? Algunos expertos legales, ahora, plantean la cuestión de si un agresor violento de verdad puede ejercer el libre albedrío.


II. Neurocriminología en tribunales de Justicia


Entre el 2009 y el 2013, se publicaron en el mundo 1.790.000 artículos sobre neurociencia, con lo que la proporción que ocupa la investigación neurocientífica en las publicaciones científicas llegó a un 16%. En España, el Parlamento declaró el 2012 como el año de las neurociencias, mientras en Estados Unidos el presidente Bush declaró a los años 90 como la «Década del Cerebro». (Cárdenas, R., 2017).


Ahora bien estas nuevas perspectivas que se está gestando y las nuevas posibilidades de conocimiento que está abriendo paso a nuevos campos del saber el primero denominado: Neurocriminology (Neurocriminología). El término fue presentado por primera vez por James Hilborn (Centro Cognitivo de Canadá) y adoptado por el investigador líder en el campo, el Dr. Adrian Raine, el presidente del Departamento de Criminología de la Universidad de Pensilvania y uno de los primeros científicos que desarrollaron estudios de neuroimagen en criminales. Y a la cual definen como “[…] un campo de estudio que busca aplicar las técnicas y principios de la neurociencia para mejorar el entendimiento del delito […]” (Raine, A. y Sanmartín, J, 2011).


Los avances de la neurociencia al producir su herramienta más valiosa, la neuroimagen, le han permitido a estas nuevas tecnologías arribar a la sociedad contemporánea con mucha fuerza es por ello que surge una pregunta ¿deberían utilizarse las técnicas de neuroimagen en los tribunales de justicia? Por mencionar un ejemplo específicamente en Estados Unidos, están apostando por estas nuevas formas de dar explicación con una mirada desde la Neurocriminología, algunos los están realizando desde centros de investigación, fundaciones e incluso desde universidades, lo más grato de destacar es que están dando a conocer y quizá demostrando la relevancia que tiene sustentar el quehacer humano desde premisas neurobiológicas. A continuación en la tabla 1 se mencionan algunas investigaciones que se han desarrollado en el campo de la Neurocriminología y cómo tratan de dar una explicación al fenómeno del delito, utilizando algunas técnicas de neuroimagen. (Ruiz, A. 2018).

Tabla 1.- Casos en donde la técnica de neuroimagen se utilizó en tribunales de Justicia.


Asimismo las estructuras cerebrales que influyen son: a) La amígdala sirve para expresar emociones sutiles como el amor, el afecto, la amistad y la desconfianza; así como el miedo, particularmente, el adquirido a través de la exposición a acontecimientos traumáticos. Las personas claramente violentas o muy violentas la tienen muy pequeña; b) El hipotálamo ayuda a crear emociones básicas como la ira y el terror, y estados positivos que van desde el placer moderado hasta el éxtasis; c) El hipocampo ayuda a que el cerebro se enfoque en estímulos sensoriales y en la generación de emociones, ligadas a la memoria, a las imágenes y al aprendizaje; d) La corteza anterior del cíngulo (CAC) está involucrada en la solución de problemas, en el autocontrol emocional y el reconocimiento de errores. Gracias a su funcionamiento se da una adecuada socialización humana; e) El lóbulo prefrontal se encuentra involucrado con la capacidad de abstracción, la inteligencia, la planeación, la inhibición de conductas inapropiadas y la regulación de las emociones. Todos ellos se encuentran conectados, pero las conexiones con los lóbulos prefrontales “dirigen y guían nuestros pensamientos, nuestra conducta y nos permiten lograr objetivos específicos. El daño o disfunción en estas áreas ocasiona alteraciones comportamentales y deficiencias en lo relacionado con el control de nuestro «cerebro emocional»” (Ostrosky, F., 2011).


Es decir que los estudios en neuroimagen han aparecido en el ámbito jurídico penal como una asombrosa herramienta que ayuda a comprender los procesos mentales que se dan en personas que han cometido delitos especialmente graves para hallar un factor diferencial que explique conducta (Tirapu, J.,2011). En la actualidad la evolución de las técnicas de neuroimagen permite estudiar el cerebro a través de estudios no invasivos y hacen posible que se visualicen cosas que antiguamente no podían verse. Las modernas técnicas de imagen cerebral, la Resonancia Magnética (RM), la Resonancia Magnética Funcional (fMRe sus siglas en inglés), la Tomografía por Emisión de Fotón Único (SPECT), la Tomografía por Emisión de Positrones (PET), permiten evaluar y medir funciones y disfunciones del cerebro.


III. Conclusiones


Cabe resaltar que se tiene que ser extremadamente cautelosos para no caer en ideas lombrosianas ni en un determinismo biológico del delito, la violencia no es "innata", no se trata redefinir la criminalidad innata a partir de disfunciones neuronales y reemplazar los antiguos estigmas anatómicos, por alteraciones cerebrales y/o genéticas. La neurociencia se presenta en los albores del siglo XXI como una nueva disciplina que plantea nuevos desafíos, tanto para las ciencias naturales como para las ciencias humanas. Algo muy importante […] no es posible extraer conclusiones a partir de las neuroimágenes, ya sean estructurales o funcionales y estudiadas en forma aisladas o predicciones sobre las conductas humanas. En tal sentido, no es posible al analizar imágenes cerebrales aisladas dictaminar o concluir que un sujeto es delincuente o no, o predecir su peligrosidad, ya que la definición de delincuente y de peligrosidad no son patrimonio de la medicina o de las neurociencias. [...] (Mercurio, E.,2012) De esta manera el núcleo al interrogante de una necesidad para tratar de contestar ¿era o fue él o su cerebro?


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