La Familia Alcoholica: El Alcoholismo y sus Implicaciones en la Violencia Domestica

Artículo extraído de la Revista Expresión Forense N° 53 , escrito por Beatriz Ramos Velasco.


Resumen


Nuestra investigación está dirigida hacia la comprobación de las implicaciones que puede llegar a tener el consumo de alcohol en la violencia familiar desde una perspectiva de género y si la adicción a esta sustancia la incrementa o si, por el contrario, esto es consecuencia de todo un conjunto de factores influyentes. Nos haremos diversos cuestionamientos: ¿Cómo afecta la adicción?, ¿Supone riesgos para la integridad física de la pareja? y, por último, ¿El hecho de sufrir alcoholismo puede agravar la violencia doméstica del hombre hacia la mujer? Esto se debe a que muchos estudios de diferentes países constatan que, en muchos agresores, existe una relación entre el consumo y el aumento de las conductas violentas.



Todo esto tiene como finalidad evidenciar si contribuye a que la violencia doméstica se perpetúe estando bajo los efectos del alcohol y establecer cómo prevenirlo.


El alcoholismo y la violencia doméstica: problemática y relación de conceptos


En los estudios sobre violencia infligida por la pareja es habitual constatar el consumo reciente de alcohol por parte de los agresores. Las estimaciones varían de unos países a otros. En los Estados Unidos de América y en Inglaterra y Gales, las víctimas creían que su pareja había estado bebiendo antes de una agresión física en el 55% y el 32% de los casos, respectivamente. En Australia, el 36% de los homicidas de su pareja estaban bajo los efectos del alcohol en el momento del incidente, mientras que en Rusia el 10,5% de ellos estaban ebrios (OMS, 2006).

El alcoholismo, aunque es un tema muy tratado, sigue siendo uno de los desórdenes psicosociales más frecuentes, con efectos adversos tanto para el propio sujeto como para el entorno que le rodea. Por tanto, al mismo tiempo que los efectos que produce en la salud de las personas, el alcohol etílico es un factor criminógeno general muy importante.


Diversos estudios han comprobado que ciertas zonas de un país o de una ciudad, en las que el consumo de alcohol es mayor, gozan también de un mayor índice de criminalidad y, a nivel general, se determina una relación entre el alcohol y la violencia.


«Además, el alcohol influye de manera decisiva en las cifras de accidentes mortales de circulación y en la comisión de determinados delitos como sexuales, de circulación, de lesiones, riñas y alteraciones de orden público, homicidios, etc.» (Muñíz Fernández, Noriega de Castro, Salvat Puig, & Vicente González, 2014, p. 188).


Uno de los ámbitos involucrados en esta problemática es la violencia familiar que puede suponer este tipo de conductas, ya que puede contribuir, concretamente, al agravamiento de la violencia doméstica, llevando a un ambiente familiar desestructurado.


Así, para conocer si la adicción a esta sustancia, como factor preponderante, conlleva un incremento de la violencia generada en el ámbito familiar o si esto es consecuencia de todo el conjunto de factores influyentes, sin predominancia del alcohol por encima de los otros, vamos a prestar especial atención a los efectos de la adicción y a conocer si esto supone riesgos para la integridad física de la pareja.


Así, se desea probar si hay una mayor perpetuación de la violencia doméstica estando bajo los efectos del alcohol; es decir, trataremos de analizar si el hecho de sufrir alcoholismo puede agravar la violencia que se está produciendo cuando uno de los miembros de la pareja; en este caso el hombre, sufre este problema y es agresivo con su pareja (mujer), y lo haremos desde una perspectiva de género.

Finalmente, nos orientaremos a determinar cuáles podrían ser unas buenas políticas preventivas en este ámbito.


Estudios previos


La violencia en la pareja, históricamente, ha pasado desapercibida por circunscribirse estrictamente al ámbito de lo privado y, aún en la actualidad, permanece así en muchos países y espacios socioculturales. Sin embargo, bien sabemos que la violencia contra las mujeres, en general, se da independientemente de factores como la edad, la etnia, la clase social o el nivel educativo, y adopta clasificaciones específicas según los contextos culturales en que se desarrolla.


Esa agresividad y violencia física, sexual o psicológica puede tratarse de la representación de la ideología patriarcal que forma parte de nuestra sociedad; como un recurso para hacer patente ese poder del hombre sobre la mujer generando efectos de control.

Además, el consumo de bebidas alcohólicas ha estado tradicionalmente relacionado con la violencia y las conductas agresivas, de manera que, aunque no todas las personas que consumen alcohol son agresivas ni todos los actos violentos son realizados como consecuencia del consumo de alcohol, es importante tener una especial consideración de este factor ya que «el número de veces que concurren ambas circunstancias se acerca en algunos casos al 50%, e incluso más» (Pascual Pastor, Reig Ruano, Fontoba Ferrándiz, & García del Castillo-López, 2011).


De esta manera, en la primera década del S.XXI, encontramos numerosos estudios llevados a cabo en diferentes países y zonas del mundo que se encuentran dirigidos a comprobar la existencia de agresiones hacia la pareja cuando los perpetradores se encontraban bajo los efectos del alcohol por un excesivo consumo.


Así, «en un estudio realizado en 1986 entre 6663 familias americanas (Straus y Gelles, 1986), se descubrió que el 50% de los perpetradores de actos violentos en el domicilio eran grandes bebedores» (Pascual Pastor, Reig Ruano, Fontoba Ferrándiz, & García del Castillo-López, 2011).


En un estudio realizado en 2002 por la socióloga Mary Pepa García Mas, entre mujeres víctimas de malos tratos residentes en centros de acogida, observó que un 59 % de las parejas de las mujeres de los centros consumían alcohol, con cantidades de 5 a 6 copas (28%), o más de 10 (25%), de forma habitual (58%) y una evolución de continuidad de consumo de más de un año (67%), o 1 a 6 meses (21%) (García Mas, 2002, citado por Pascual Pastor, Reig Ruano, Fontoba Ferrándiz, & García del Castillo-López, 2011).


Por último, en la ciudad de Valencia (España) durante los años 2008 y 2009, fue llevada a cabo una investigación basada en el seguimiento de las víctimas de violencia de género y doméstica del Distrito Marítimo que se encontraban en una Casa de Acogida. Los resultados obtenidos revelaron que el 71,8% de los agresores consumían de forma habitual alcohol (Pascual Pastor, Reig Ruano, Fontoba Ferrándiz, & García del Castillo-López, 2011).


Las implicaciones del consumo habitual de alcohol en la violencia doméstica. Resultados


Muchos de los estudios llevados a cabo en diferentes países asocian el consumo de alcohol con la violencia en general, la violencia de género, el homicidio y las agresiones sexuales. Esto se debe a que esa sustancia inhibe las áreas cerebrales de autocontrol; es decir, los frenos inhibitorios, lo que va a tener efectos muy importantes a tener en cuenta ya que «el alcoholismo (...)


Lee el artículo completo en la Revista Expresión Forense N° 53 en formato digital.

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