La nueva maldad

Artículo sacado de la Revista Expresión Forense N° 33, por Arnold Gutiérrez Guido

La nueva maldad no es un término que se aplique a nuevas conductas, conductas que a lo largo de la historia no se habían cometido, primeramente porque en estos tiempos difícilmente encontraremos alguna conducta “mala” que no se realizado alguna vez. Pero antes de explicar lo que se quiere dar a entender con el término “nueva maldad” es necesario aclarar qué es maldad.


Aunque existen opiniones sociales y científicas del término “maldad”, en criminología se entiende como todo aquello que “daña, destruye o perjudica”, separando por completo los términos “normalidad” y “anormalidad” que son completamente diferentes.


Aunque en la práctica parezca que sí, los seres humanos no nacemos con cierto grado de maldad que aflore ante diversas circunstancias donde se ponga a prueba nuestra tolerancia a la frustración como si de una sustancia interna se tratara, antes bien, todas esas causas por las que se percibe el daño o destrucción que ha realizado un individuo son producto de sus pensamientos, pasiones, deseos, y aversiones, junto con la capacidad para realizarlas; no basta con desear o pensar algún hecho destructivo o perjudicial para que este constituya un crimen, por el contrario se requiere que se pongan en juego toda una maquinaria basada en una serie de acciones para materializar el pensamiento criminal.


El crimen muchas veces no muere sino se transforma.

Algunos factores que alimentan de forma negativa la mente humana van transformando en el individuo sus pensamientos y deseos haciendo que desarrolle nuevas formas de causar daño y destrucción, sobre todo cuando se ha hecho de esto una forma de vivir para obtener recursos económicos, o una satisfacción constante, esta transformación es inherente a los siguientes factores:


  1. La capacidad criminal. Se entiende como lo que el individuo es capaz de aportar de sí mismo en el campo criminal, junto con todas las habilidades físicas, técnicas e intelectuales del crimen que realiza, la capacidad criminal como muchas capacidades humanas se puede desarrollar en mayor o menor medida perfeccionándose por lo siguiente:

  • La práctica. Dicen con certeza que “la práctica hace al maestro” ya que si alguien persiste en su actividad criminal llegará a dominarla completamente, evolucionando o cambiando ciertos comportamientos que infieren en el perfeccionamiento de la conducta criminal, ya sea para hacer esta más compleja o para cambiarla por otra que exija más habilidades del delincuente, habilidades que por supuesto ya adquirió.

  • Tiempo. El tiempo que un individuo le dedique al actuar criminal hará que perfeccione rápidamente sus acciones y desarrolle habilidades que antes no tenía.

  • Los ejemplos: Los mentores o ejemplos (otros criminales) de los cuales un individuo se sirve para complementar su conocimiento. Esto es muy clásico en prisiones, donde no solo se tiene el tiempo necesario para ello sino también la compañía de individuos que han cometido más crímenes y de otro tipo, pero no solo eso, también se tienen las reflexiones de esos individuos, hablando de cómo hacerlo la próxima vez, los planes, los aprendizajes y las correcciones, por lo que es muy acertado denominarlo la “universidad del crimen”. Muchos de los criminales conocidos son escuchados de en aduanas, rejas y pasillos de la colonia penal. Este fenómeno se da también en los barrios y sobre todo en lo que tiene que ver con la delincuencia juvenil, ese contagio criminal hace que cada uno de los individuos, especialmente en los “nuevos” o “aprendices” se sirvan de un enorme caudal cargado de nuevas formas de criminalidad y nuevos modus operandi.

  • La competencia criminal. Los criminales no son únicos, también deben mantenerse a la vanguardia sobre todo cuando de pandillas u organizaciones se trata, en las que sobrevive el mejor, esto es visible incluso en casi cualquier medio ambiente y en el campo criminal es todavía mucho mayor.

  • La experiencia criminal. Las diferentes experiencias criminales hacen pulir las capacidades de un individuo sobre uno o más crímenes, haciendo que la capacidad criminal también sea un entrenamiento dinámico condicionado por distintas variables y no considerado como algo estático que siempre tendrá la misma forma y el mismo método.

  • La seguridad pública. La presencia y organización policial alertan al criminal y lo hacen consiente de que debe cuidar, incluso si es una policía eficiente o deficiente, el criminal está atento a ello, observa sus movimientos, expresiones, formas de caminar o usar objetos, escucha sus claves o códigos, y busca en el policía algún rastro de deficiencia o mejor aún de deshonestidad, busca sus carencias o debilidades para intentar acabarlo o corromperlo, de ahí que no se conciba un policía que sea amigo de delincuentes, ya que mientras más “policía sea” mayor desprecio le tendrán quienes son mayormente criminales.

  • Conciencia forense. Éste término es utilizado por la nueva perfilación criminal y se refiere a la capacidad del delincuente para evitar ser relacionado con la escena del crimen, el conocimiento del sistema judicial encaminado para evadir la prisión, causando injerencia directa con el modus operandi, sin embargo la conciencia forense no solo se limita a ello, hay criminales que saben no solo sobre el sistema sino sobre quiénes son los servidores públicos, algunos de ellos están conscientes de quiénes son y cómo son y en esa tesitura algunos se sirven de sus habilidades para convencer y escapar de la justicia.

  • El interés. Dicen que “el interés tiene pies” lo que lógicamente señala que ese interés hace moverse hacia un objetivo, el interés que una persona pone en una tarea condiciona que ésta funcione mejor o que evolucione.

Lo anterior es un solo un poco de los elementos que se suman en un individuo para hacerlo “capaz” en mayor o menor medida de realizar algunos crímenes, pero estos elementos juegan entre sí al ser utilizados y eso da origen a nuevas formas de crimen, a nuevas acciones destructivas que antes no se hacían por la misma persona, es por esa razón que algunos servidores públicos que fungen en la administración de justicia y sobre todo los policías, pueden observar que algunos individuos se comportan peor que antes, cada vez más rápidos, más violentos, más insensibles, más capaces de cometer crímenes, eso es, entre muchas cosas más, la nueva maldad en un individuo, así que en función de la naturaleza del término maldad, esta nueva acción criminal debe siempre destruir, perjudicar o dañar, para que sea llamada como tal y no se confunda con una nueva destreza del delincuente.


Pero ¿de donde viene el que un individuo tenga una nueva maldad dentro de sí a diferencia de las muchas destrezas que puede adquirir en el actuar criminal y que estas destrezas pueden confundirse con la suerte o descuido policial o ciudadano?, para responder a esta pregunta es necesario recordar que el ser humano es un ser emotivo, apasionado y de muchos sentimientos que se condicionan en muchas ocasiones por lo que nos rodea, así que en este mundo tan dinámico que perimetralmente cerca a toda persona se perciben elementos estáticos y de cambio, vivencias e interacciones que logran aflorar distintos pensamientos en el delincuente donde el egocentrismo juega un papel importante al momento de complacer al delincuente con sus acciones, el crimen es por excelencia una de las actividades que mayormente complacen a sus autores, son muy pocos los crímenes “necesarios” en un determinado momento y calificados así por sus autores, los que realmente no complacen al autor del mismo, indiscutiblemente esas acciones que muchos calificamos de aberrantes y despreciables son mayoritariamente en lo que más se deleita el criminal, yuxtaponiendo esto a que los problemas y frustraciones son también el contenido psíquico de un criminal, así, en conjunto dan origen a esa “nueva maldad” en un individuo.


Por lo anterior y como dijimos al principio “la nueva maldad” no es una acción criminal que no se haya hecho nunca, sino las nuevas acciones, motivaciones y pensamientos que propia y particularmente un individuo hace para dañar, perjudicar o destruir, con razón el gran criminólogo italiano Alfredo Nicéforo decía: “El mal y el dolor no se volatilizan, bajo la abrasadora llama del progreso humano”, ese progreso humano, en ocasiones progreso criminal, es en mi muy humilde opinión algo que nos apunta a esa “nueva maldad” pues más tarde el maestro agregó “el crimen muchas veces no muere sino se transforma”.


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