Juan Pablo Escobar: Opto por la no violencia

Laura Quiñones Urquiza


Hijo del famoso narcotraficante colombiano Pablo Escobar conocido durante mucho tiempo como Sebastián Marroquín, tiene una visión y postura sobre la violencia distinta a la de su padre, y la firme convicción de que los conflictos pueden resolverse de forma pacífica. ¿Qué factores de protección incidieron para que él no tome el delito como opción de vida?


"Haber sido víctima de un atentado terrorista no me daba autoridad a mi para salir a hacerle eso a otros”

¿Qué te llevó a escribir tus memorias?


Alguien de la editorial vio el documental “Pecados de mi padre” y pensó que yo debía escribir algo sobre mi historia de vida. Siempre quise escribir mis memorias y debo decir que en realidad terminé escribiendo las de mi padre, con lo cual creo que aún estoy pendiente de hacer esa tarea de una forma más personal e íntima sobre mi vida.


¿Cómo fue tu etapa escolar? ¿Qué tipo de escolaridad tenías? ¿Cómo eran tus calificaciones y amigos?


Tuve un escolta permanente durante toda mi primaria dentro del colegio. Si estaba en clase el tipo estaba parado en la puerta del salón; si iba al baño, en la puerta del baño; si salía a correr en el recreo, corría a mi lado. Muchos padres prohibieron a mis amigos juntarse conmigo. Mis notas siempre estuvieron dentro del promedio. Fui a un colegio Lasallista, el ejército lo allanó cuando tenia 7-8 años, mientras el rector me escondía bajo su escritorio

para evitar que me desaparecieran.


¿Qué tipo de modelo parental tuviste? Me refiero a si tus padres tenían un rol para con vos autoritario (ordena y mando), democrático (te explicaban las normas y se razonaban los castigos) o permisivo. ¿Cómo te enseñaban las normas morales? Es decir, ¿cómo se resolvía el tema de lo que está bien o no, en tu familia?


Mi padre siempre tuvo muy claro lo que estaba mal y lo que no. En casa me inculcó unos valores humanos que por supuesto por fuera de ella no practicaba. Diría que me explicaban las normas, aunque en ese mundo plagado de excesos, a veces, había cierta permisividad, pero nunca faltó el amor, los buenos consejos y el trato respetuoso. Mi padre nunca decía malas palabras, y mi madre siempre nos brindaba amor y compañía permanente.


¿Cómo fue tu adolescencia?, ¿tenías amigos?

Más que amigos eran mis escoltas (no menos de 15). Realmente el sentido de la amistad en esa época era difuso por los extremos de violencia y de dinero a la vez. Claramente precoz, recibí un departamento completamente equipado para tenerlo de soltero a mis 11 años; mi madre me lo regaló porque argumentó que seguramente yo empezaría a salir con algunas o muchas chicas y que por seguridad, ella prefería darme ese espacio para en caso de algún problema saber dónde encontrarme.


¿Qué te llevó a elegir estudiar arquitectura?


Después de terminar Diseño Industrial, la industria local Argentina estaba semi destruida por el 1 a 1 paridad dólar. La mayoría de trabajos que conseguí eran para diseñar casas, entonces comprendí que me gustaba la arquitectura, puesto que no era tan diferente del Diseño Industrial. Mi madre aún estaba en la cárcel en Argentina, acusada del delito de ser colombiana y viuda de un narco, cuando me dijo que el mejor regalo que podría llevarle a la cárcel era mi carnet de estudiante de arquitectura.


"De él sólo recibí amor y buenos consejos a pesar de que fuera de casa no los practicaba"

¿Cuándo fue la primera vez que sentiste que no querías seguir el estilo de vida de tu padre?, ¿por qué tomas esa decisión?


Con mi padre discutí muchas veces. “Papá no pongas más bombas”, le decía, pero él no me hacía caso e intentaba justificarse alegando que la primera bomba en Colombia se la habían puesto a su esposa y dos hijos. Yo le decía que el hecho de haber sido víctima de un atentado terrorista no me daba autoridad a mí para salir a hacerle eso a otros. Cuando se entregó a la cárcel de la catedral dedicó públicamente su entrega a su “hijo pacifista” de 14 años. Así que siempre sentí que la violencia no tenía ningún sentido, ni propósito, al contrario, cada vez estábamos peor; de ninguna manera me atrevería a repetirla y por eso ando por el mundo invitando a miles de jóvenes a reflexionar de la manera que yo lo hice.

Habían dos caminos para mí ante la historia que me tocó vivir: la venganza o la paz, y a diario elijo este último.


Desde tu experiencia, ¿cómo justificaba tu padre sus crímenes, así como sus aliados y sicarios? ¿En qué sentido se sentían legitimados para usar la violencia de ese modo?


La violencia no sólo la ejerció mi padre. Colombia fue (y aún pueden quedar sectores) un Estado terrorista, aliado con las diferentes mafias y principalmente las del narcotráfico. La Policía, el Ejército, los Servicios Secretos, eran esencialmente torturadores y asesinos con licencia estatal para masacrar jóvenes en las esquinas de la ciudad, simplemente por su vestimenta o lugar de reunión. La Policía nos puso bombas (recientemente nuestro vicepresidente y ex-policía, General Naranjo, reconoció esos hechos en su libro “El General de las Mil Batallas”, escrito por Julio Sánchez Cristo, editorial Planeta).


Eso le hacía creer a mi padre que su lucha podría tener alguna legitimidad porque recuerdo que me decía ante mis críticas: “Yo por lo menos asumí mi rol como bandido y no salgo con el uniforme de Policía a matar inocentes; el policía tiene que ser policía pero no bandido a la vez, yo estoy luchando contra unos bandidos iguales o peores que yo”, sentenciaba. La masacre de Villatina fue un hecho por el cual el Estado Colombiano fue condenado en virtud de que soldados detuvieron en flagrancia a miembros de la Policía en plena masacre donde murieron niños de 8, 11, 14 y 18 años, tenía el más viejo asesinado; pero ni un sólo oficial fue condenado. Sólo esa cosa llamada “Estado” que es de todos pero que nadie sabe quién es en realidad porque ni uno solo se hace cargo.


¿Has reflexionado alguna vez sobre el origen del mal a raíz de tu experiencia? ¿Piensas que tu padre fue el producto de sus experiencias cuando niño y joven o que él poseía una mayor capacidad innata para ejercer esa violencia durante tanto tiempo? En otras palabras,¿piensas que tu padre hubiera sido alguien bondadoso en otro ambiente?


Jamás me atrevería a justificar la violencia de mi padre. Creo que Gandhi pudo tener motivos mayores para ejercerla pero aún así eligió la paz. Sin embargo, la falta de oportunidades, de trabajo digno y educación para las familias más pobres de Colombia, como las de mi padre, contribuyeron en gran medida a que el Narco ocupara el lugar que debió ocupar el Estado. Allí donde el Estado no llega, es lugar propicio para que el narcotráfico florezca y le de “una mano” a los que la Nación ignora deliberadamente.


Mi padre de hecho se mostró muy bondadoso al principio cuando su negocio no era perseguido, ni era necesario el uso de la violencia para sobrevivir. Fue en ese momento en el que construyó decenas de centros deportivos educativos, y miles de viviendas sociales. Luego quiso entrar a la mafia de la política pero al parecer sus credenciales no le fueron suficientes.


Dado que tu crianza, tal como lo relatas en tus libros, fue de algún modo distinta ya que el contexto estaba rodeado de factores sociales y ambientales que pudieron hacer que continuaras ese camino, me gustaría saber por qué decides convertirte en alguien que busca pacificar y disculparse por los crímenes de tu padre.


Porque siempre soñé con ser papá, porque esperé 20 años para animarme a tener un hijo y lo hice cuando sentí que ya estaba lo suficientemente lejos de mi pasado como para que éste no alcanzara a mi hijo, para que no fuera perseguido por los delitos de su abuelo, como seguimos siendo perseguidos sus hijos por el aparente delito del parentesco. No repetiré una historia que sé cómo comienza y termina.


A mi padre hay que agradecerle el habernos mostrado el camino que no debemos recorrer. Asumí la responsabilidad moral por la totalidad de los crímenes de mi padre. Y desde ese lugar busco la mayor humildad día a día para pedir perdón hasta la última de sus víctimas. Algunos insensatos consideran que yo debería heredar la responsabilidad penal por los crímenes de mi papá, pero eso sí no se lo voy a aceptar a nadie. En todo caso la ley dice que son los padres los responsables por los actos de sus hijos menores, no al revés. Por ello el perdón es sanador y necesario.


Si pudieras tener un encuentro con tu padre, ¿qué crees que te diría? ¿Piensas que entendería el camino que has escogido?


Mi padre está orgulloso de mi camino, estoy 100% seguro de que estaría en primera fila apoyando mi labor y actitud. Supo en vida que lo amé incondicionalmente y que a pesar

de no estar de acuerdo con su violencia, en decenas de ocasiones no dudé ni por un milisegundo en dar mi vida por él, y lo haría de nuevo, porque de él sólo recibí amor y buenos consejos a pesar de que fuera de casa no los practicaba. Al final de los días el único hombre/niño que no lo abandonó fui yo, porque el resto salió corriendo a salvarse, incluidos su madre y todos sus hermanos y hermanas que lo traicionaron con sus enemigos. El precio de nuestra lealtad sigue siendo un exilio que el próximo año cumplirá un cuarto de siglo.


*Fotografía Cortesía de la familia Marroquín Santos

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