Investigación Científica del Homicidio

Artículo extraído de la Revista Expresión Forense N° 1 , escrito por Roberto Solórzano Niño



La palabra homicidio se deriva del latín “Homicidium” que se descompone en dos voces, homo= hombre y caedere= matar. Por tanto, el homicidio es la muerte causada a una persona por otra.



Es importante dejar en claro que el individuo es la realidad biológica, mientras que la persona es el ser sustentado por el derecho. Carrara sitúa el homicidio dentro de la violación de los derechos naturales del individuo, es decir, dentro de los atributos que la ley natural le concede, aparte de los derechos que le puede reconocer la sociedad y el estado mismo. El Dr. Luis Carlos Pérez afirma que “la vida humana es respetable siempre, aunque esté disminuida por la enfermedad y la miseria”. La vida vale por sí misma.


Los medios empleados para producir la muerte no tienen importancia frente al resultado; da lo mismo que la muerte se haya producido con arma cortante, de fuego, con un tóxico, o por hechos psicológicos. Los medios materiales pueden actuar directamente, como cuando se hace un disparo que ocasiona la muerte a la persona, o indirectamente como cuando se enfurece a un animal, se adiestra un perro para matar, o se dinamita un puente por donde ha de pasar la víctima. En estos casos hay homicidio, ya que quien ordena la muerte es el autor intelectual; quien adiestra el perro, o coloca la carga de dinamita es el autor material y el disparo, el perro o la dinamita son los instrumentos utilizados para cometer el homicidio.


En cuanto a los hechos psicológicos Maggiore expresa que “no hay nada más abyecto y perverso que matar el cuerpo de una persona a través de su alma”. Lo moral hace parte de los psicológico, pero todo lo psicológico no hace parte de lo moral. La tortura psicológica es el principal mecanismo psicológico empleado en el homicidio; en cuanto a la “pena moral”, no se ha demostrado científicamente que exista relación causa - efecto con el homicidio. Las manifestaciones de la pena moral pueden atribuirse a depresión reactiva. Sólo la persona cualquiera que sea su edad, sexo, o estirpe, es sujeto pasivo del homicidio.


Antecedentes


“No siempre se ha respetado el atributo máximo del hombre que es la vida”. En la antigüedad había personas que no tenían ningún valor y como consecuencia su vida tampoco la tenía. Recordemos que en el imperio romano los esclavos podían ser muertos por sus dueños y que el padre de familia tenía derechos sobre la vida del recién nacido y en general sobre los miembros de su familia. En Atenas, la muerte del siervo y de los extranjeros fue un acto lícito. En la India, solamente tenían valor los miembros de la casta Sudra, hasta tal punto que los animales de hueso como el perro, tenían más valor que una persona no perteneciente a esta casta. Las religiones autorizaban matar a las personas ajenas a su culto; aún en la Edad Media, la iglesia tenía el derecho a la vida y los bienes de las personas. El respeto a la vida de las personas fue la consecuencia de profundos razonamientos filosóficos, a través de la historia de la humanidad.


Lee el artículo completo en la Revista Expresión Forense N° 1 en formato digital.

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