Entomofauna Cadavérica Establecida al Aire Libre

Artículo extraído de la Revista Expresión Forense N° 21, escrito por M. A. Capó, M. V. Peinado, J. Mateos, M . J. Anadón Baselga


Introducción


La muerte conlleva una crisis completa de todos los sistemas de mantenimiento vital, desencadenando una serie de procesos bien conocidos que se suceden según un orden preciso. Se describen ordenadamente los principales procesos por los que pasa un cadáver de mamífero desde el momento de la muerte hasta que las partes más resistentes, los huesos, pierden sus características estructurales.



Los insectos constituyen un elemento más de los muchos que contribuyen a la descomposición del cadáver aunque no son los únicos. Un cadáver humano, por supuesto, como mamífero que es, sigue exactamente este mismo proceso. En cuanto cesan los signos vitales en cualquier animal, y aún antes de que se haya iniciado la putrefacción, ciertos dípteros depositan sus huevos en la abertura de las fosas naturales y en el ángulo interno de los ojos del cadáver. En casos excepcionales, pueden incluso efectuarse puestas sobre heridas y orificios corporales, originando una infestación local (miasis) sobre todo si hay presencia de tejido necrótico. Sobre un cadáver, muy pronto se desarrollan las larvas, que penetran en las fosas nasales y orbitarias, y efectúan paralelamente a los microorganismos, el trabajo de destrucción de los tejidos.


Durante varios años, generaciones de insectos y ácaros se aplican a consumir las sustancias del cadáver abandonado al aire libre, sucediéndose regularmente las distintas especies. Cada grupo entra en acción cuando el precedente ha consumido las sustancias que convienen a su modo de nutrición o cuando la putrefacción ha modificado convenientemente la composición de los tejidos para que pueda utilizarlos.


Libre ha sido objeto de interesantes estudios. Redi, el naturalista del Renacimiento, ha sido, según Mégnin, el primero en demostrar que los gusanos de los cadáveres no nacen espontáneamente, sino que son larvas de huevos depositados por moscas. A este fin emprendió curiosos experimentos con carne que había dejado descomponer.


Macquart, había indicado muy bien la acción de las larvas de insectos acerca de la descomposición cadavérica. “El cuidado con que ciertas moscas aseguran la existencia de su posteridad -decía- consiste en la elección que hacen de la cuna de sus pequeñuelos, indicándoles su solo instinto a dicho propósito los cuerpos que han cesado de vivir. La disolución ya comenzada se acelera de tal modo por la influencia de estas larvas, que parece debida a ellas únicamente”.


Linneo dijo pintorescamente que tres moscas consumen un cadáver con tanta prontitud como un león; Orfila, sin embargo, es el primer autor que ha llamado seriamente la atención acerca del papel de los insectos. El doctor Bergeret de Arbois, en 1855 tuvo la idea, a instancia de los tribunales de justicia de su país, de aplicar la entomología a la determinación de la fecha de la muerte de cadáveres que habían permanecido ocultos un tiempo indeterminado, hasta su descubrimiento por la policía. Como ya destacan Peinado y Mateos, la importancia de la Entomología en las investigaciones judiciales ya fue reconocida por el entomólogo español Mariano de la Paz Graells, que sitúa el origen de la Entomología Forense en Francia.


La historia de la fauna cadavérica se debe más que a nadie a Mégnin, quien comenzó sus trabajos a instancias de Brouardel. Mejor que ninguno de sus precursores, determinó las especies que intervienen en la destrucción de los cuerpos y estableció, o creyó hacerlo cuando menos, un hecho capital. Las diversas especies de insectos que devoran los cadáveres no obran a la vez, sino de un modo sucesivo y en orden regulado y predecibles, y que así, de la especie o especies halladas en el cadáver, puede deducirse la época de la muerte.


A Mégnin es a quien se debe el haber formulado las leyes de esta sucesión de trabajadores de la muerte, gracias a las que es posible obtener indicaciones acerca de la época de aquélla. Para que los resultados sean útiles, es preciso poder determinar con precisión cada una de estas especies, por el estudio de sus pupas vacías, de las larvas o de los insectos adultos.


Para ello, lo primero es describir a estos grupos de trabajadores en el mismo orden de su sucesión, e indicaremos la ecología de cada especie de insectos y ácaros que se pueden encontrar en los cadáveres.


Mégnin, Balthazard y Simonin, coinciden que para establecer la data de la muerte debe tenerse una habituación a la entomología, que solo lo da el estudio y la práctica, pero también una base sobre la importancia forense de esta disciplina.

Especies representativas


No todas las especies de artrópodos que se localizan sobre un cadáver se alimentan y efectúan su desarrollo sobre él. Podemos distinguir dos grandes categorías de especies, las visitantes y las residentes. Uno de los primeros insectos, que se localiza sobre un cadáver humano, es la mosca común, Musca domestica. Insecto ubicuo como pocos y muy asociado con la presencia humana, suele ser el primer visitante en cuanto se produce un deceso, circunstancia que no debe extrañar, ya que también suele visitarnos e incomodarnos mientras todavía estamos vivos. Buscadora impenitente de humores de origen animal, basta la inmovilidad para que intente alcanzar los ojos, la boca, las narinas, y puede ser inaguantablemente tenaz si existe alguna lesión, sobre todo si hay hemorragia.

La Curtonevra stabulans, que en estado de larva y de ninfa no puede casi distinguirse de la mosca doméstica, se parece también mucho a ella cuando adulta. Se diferencia, sobre todo, por la forma especial de los nervios del ala, que se bifurcan cerca de la extremidad posterior de ésta, formando un ángulo abierto; mientras que en la mosca doméstica, el nervio también se bifurca, pero sus dos ramas se reúnen luego.


La Calliphora vomitoria es la gran mosca azul de la carne, la que alcanza una longitud de 13 mm; su larva y su ninfa, se distinguen fácilmente de las de la Curtonevra y de las de la Lucilia, gracias a su tamaño, pero se parecen en su aspecto a las Sarcophaga.


El género Sarcophaga incluye las moscas grises de la carne. La Sarcophaga carnario mide de 14 a 16 mm de longitud y es reconocible por las rayas negras del tórax. Esta mosca es vivípara y deposita en los cadáveres no ya huevos, sino sus larvas de 1,5 mm de longitud y de un tercio de milímetro de grueso. El género Lucilia comprende moscas de color verde o verde azulado metálico. La Lucilia caesar mide de 7 a 9 mm y presenta una coloración verde, con reflejos brillantes y manchas blancas en los lados de la frente.


Todos estos dípteros depositan sus huevos en el cadáver en todos aquellos puntos de la piel en que existe una discontinuidad pues las larvas, al nacer, no tienen fuerza suficiente para perforar la epidermis. Si la piel está intacta, las moscas depositan sus huevos en las cercanías de las mucosas más frágiles, orificios de las fosas nasales, labios y con especial predilección, en el ángulo interno de los ojos. Basta, por consiguiente, para evitar la siembra en los cadáveres, proteger la cabeza entra el ataque de las moscas inmediatamente después de la muerte. Mégnin estima en ocho días la duración necesaria para el nacimiento de las larvas; Balthazard afirma haber visto con frecuencia producirse tal nacimiento en la estación calurosa en menos de cuarenta y ocho horas y hasta en veinticuatro; añadiremos que las Sarcophaga depositan en el cadáver larvas ya vivientes que comienzan inmediatamente su cometido.


Al cabo de una decena de días la larva ha alcanzado su completo desarrollo, por lo menos cuando la temperatura es propicia, saliendo entonces del cadáver, inmovilizándose y rodeándose de una concha quitinosa para transformarse en ninfa. Después de una incubación que puede durar de seis días a un mes, según las condiciones atmosféricas, el insecto perfecto sale de su pupa y muy presto siembra nuevamente en el cadáver, si las generaciones precedentes no han consumido todas las partes blandas; alejándose de él, al contrario, si estas partes blandas han sido transformadas por la putrefacción en adipocira o en sustancia caseosa. El ciclo completo del insecto puede alcanzar un mes aproximadamente; Mégnin, remonta la muerte a un mes, cuando encuentra pupas vacías en un cadáver. Balthazard, indica que este ciclo puede operarse en una quincena de días en la estación cálida para las moscas azules y verdes, desde el momento de la puesta de los huevos hasta el instante en que el insecto perfecto sale de la pupa.



Lee el artículo completo en la Revista Expresión Forense N° 21 en formato digital.

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