El Cisne Negro de las Huellas Dactilares

Artículo extraído de la Revista Expresión Forense escrito por Miguel Ángel Hernández de la Torre


Un cisne negro es un evento altamente improbable, de tal forma que la humanidad se ha dejado seducir por la frecuencia de los hechos al grado de que ha perdido la sensibilidad para lo inesperado de estos eventos descritos por Taleb. Un cisne negro tiene tres características principales:

• Es impredecible y por tanto inesperado.

• Tiene efectos considerables.

• Después de su ocurrencia tiende a explicarse mediante “razonamientos lógicos”, de forma que pareciera evidente que el evento sucedería.



Algunos ejemplos de “Cisnes Negros” en la historia son los siguientes: las guerras mundiales, los terremotos, el crack de la bolsa financiera, escándalos políticos, tsunamis, la penicilina, los smartphones, el internet, etc. Son impredecibles por dos razones: por la forma en que los agentes perciben y procesan la información, y por su incapacidad para predecir el futuro. Los agentes económicos suelen cometer errores al recibir información y procesarla. Entre estos errores se encuentran la categorización (reducir y clasificar) y el prejuicio (opiniones creadas), de forma que se generan conclusiones o teorías incompletas o incorrectas. Una vez obtenidas dichas teorías, se busca nueva información que permita corroborarlas sin buscar argumentos en contra o descartándolos, este problema se define como “sesgo de confirmación”; también se derivan errores de juicio de la ausencia de información relevante.


En la vida real, los agentes parecen concentrarse en la información conocida. La ocurrencia de “Cisnes Negros” puede llegar a determinar el éxito o fracaso de personas y empresas e incluso afectar el curso de la historia. Los actos terroristas sufridos por Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, son un ejemplo del impacto de los “Cisnes Negros”. Nadie predijo dicho evento, mismo que tomó por sorpresa a Estados Unidos al entrar inesperadamente al mundo del terrorismo.


La tendencia de buscar explicaciones para la ocurrencia de “Cisnes Negros” se le denomina “falacia narrativa”. No es posible conocer con certeza los eventos que generaron un “Cisne Negro” precisamente porque no se conocían anteriormente. La importancia de un “Cisne Negro” no radica en las circunstancias que lo originaron, sino en las consecuencias que se derivaron de éste. Las explicaciones sobre la ocurrencia de un evento pueden ser plausibles, pero no necesariamente ciertas. El acontecimiento de un “Cisne Negro” da lugar al surgimiento de un hecho similar, destacando que el origen de éste es totalmente diferente al anterior.


El suceso de un “Cisne Negro” en alguna situación en particular, elimina la sorpresa de un nuevo “Cisne Negro” dentro de ese mismo contexto. No es posible saber cuándo sucederán esos hechos, tampoco es posible asegurar que se cumplirán, pero no debería sorprender si se presentan. Es imposible adivinar cuáles serán los próximos “Cisnes Negros”, dónde se generarán y qué tan profundo será su impacto.


A pesar de la imposibilidad para predecir eventos extremos, pueden hacerse conjeturas sobre las variables que son más propensas a generar “Cisnes Negros” y actuar en consecuencia; se deben entender las asimetrías de ciertos eventos.


Un “Cisne Negro” puede generar más consecuencias positivas que negativas o viceversa. Éstos ocurren con mayor frecuencia de lo esperado, e incrementa la posibilidad de que otro similar se presente. En 1987, la Bolsa Mexicana de Valores registró la mayor caída en su historia, totalmente inesperada. Por tanto, no debería sorprender que en el futuro se presentara una caída similar o mayor, aun cuando se considere que se han descubierto las causas que originaron el derrumbe de la Bolsa y que se ha “aprendido la lección”, la nueva caída pudiera deberse a factores totalmente diferentes e imposibles de prever.


El consejo de los expertos, es a menudo inútil. Nuestra incapacidad para predecir en entornos sometidos al “Cisne Negro” (algo altamente probable pero inexistente para la conciencia hasta que sale a la superficie), significa que determinados profesionales, aunque creen que son expertos, de hecho, no lo son. El problema con los expertos es que no saben qué es lo que no saben. Un ejemplo de lo anterior lo da el “Pavo de Bertrand Russell”. Este pavo es atrapado por unos humanos y lo empiezan a alimentar, cuidar e incluso le dan un lugar para que no pase frio o lluvias. El pavo piensa en la bondad de estas personas, que cada día lo tienen más robusto; la frecuencia de estos hechos le hace “pensar” al pavo que son unos humanos sumamente bondadosos, pero un día llega el “Cisne Negro” a la vida del pavo, el cual se llama “Día de Gracias”, es decir, al pavo le ocurre algo que no tenía previsto y termina como el platillo principal de los humanos. Nuestra manera de pensar no es muy diferente de la del pavo de Russell. Gran parte de la matemática estadística, el cálculo de riesgos y las distribuciones de probabilidad están tras-pasadas por esta manera de pensar: “A mayor frecuencia de un hecho, menor es la sensibilidad frente a lo inesperado”.


Los expertos al revisar las huellas dactilares en una escena de crimen, regularmente sólo tienen huellas parciales y no de todos los dedos. La creencia de los expertos, es que afirman que no hay un par de personas con las mismas huellas; a lo cual si revisamos esta afirmación nos damos cuenta de que eso es falso, ya que para eso deberíamos tener registradas las huellas dactilares de todas las personas. Por otra parte, en una escena donde se ha cometido un crimen, regularmente tienen algunas huellas parciales. Este tipo de huellas se les conoce como huellas dactilares latentes que consisten en marcas, sólo una parte de la punta de un solo dedo.


El experto no tiene evidencia probabilística para saber si esa huella parcial pertenece a un conjunto de huellas bien tomadas con condiciones controladas; es decir, el grado de aleatoriedad no es tomado en cuenta en el análisis forense. La mayoría de los expertos al ser cuestionados por sus métodos, responden con el hecho de que es lo mismo con el ADN, lo interesante es que el error en una prueba genética es de 1/1013 de que ambas personas compartan el mismo ADN, y esto se debe a que no se analiza todo el código genético. El éxito forense más impresionante del siglo XX es probablemente el establecimiento de identificación de huellas dactilares como el “estándar de oro” para la evidencia científica en los procesos penales.


Su aceptación como “factor decisivo” es indiscutible en la sala del tribunal, su único rival son las pruebas de ADN, que a menudo se le llama “huella genética”. Cuando apareció por primera vez, la toma de huellas dactilares no fue de inmediato la clave mágica para resolver preguntas sobre la identificación de los criminales. Tuvieron que pasar décadas en los Estados Unidos y Europa para desalojar su predecesor, el sistema Bertillon. Inventado por un empleado de la policía parisina de finales del siglo XIX. Con el auge de las computadoras en la mitad del siglo XX, se hizo posible tener conjuntos de códigos de huellas dactilares de manera que una computadora podría eliminar rápidamente la gran mayoría de conjuntos posibles y limitar la búsqueda a un archivo de tamaño ideal, de modo que los examinadores obtuvieran resultados rápidos.


Ciertamente, después del 11 de septiembre de 2001, el Gobierno de Estados Unidos aceleró los esfuerzos para desarrollar métodos asistidos por computadora que fueran rápidos para el escaneo y comparación de “huellas digitales” de terroristas conocidos o sospechosos, los cuales se encuentran previamente cargados en bases de datos. Para el enjuiciamiento de los delincuentes, el elemento de la experiencia humana es crítico.


Examinadores de huellas dactilares que trabajan para agencias de inteligencia o departamentos de policía, tienen niveles de formación variable y competencias, pero sus presentaciones en el tribunal invariablemente se apoyan en dos pilares:


• La afirmación de que las huellas dactilares son literal-mente únicas: No hay dos personas, ni siquiera los gemelos idénticos, nunca se han encontrado que tienen huellas dactilares idénticas.


• La certeza del experto: Con el “cien por ciento de con-fianza” las huellas de la escena del crimen y las huellas en las bases de datos son de la misma persona.


Es importante mencionar que no existe un protocolo estandarizado para realizar una comparación de huellas dactilares, en algunos países usan 8 puntos de control de la huella, mientras que en otros son 10 o 12 puntos. De lo anterior, observamos un escenario propicio para el “Cisne Negro”: En la mañana del 11 de marzo del 2004, una serie de atentados coordinados en el sistema de trenes de Madrid, España, mató a 191 personas e hirió a más de dos mil. El ataque fue atribuido a extremistas inspirados por Al Qaeda.


Los ataques se produjeron tres días antes de las elecciones españolas, y un electorado enojado derrocó al Gobierno conservador, que había respaldado el esfuerzo de EE.UU. en Irak. En toda Europa y el mundo, las repercusiones eran enormes. No sorprende, entonces, que el FBI estaba dispuesto a ayudar cuando las autoridades españolas les enviaron una copia digital de huellas dactilares que se encontraron en una bolsa de plástico llena de detonadores descubierta cerca de la escena de uno de los atentados, huellas dactilares que los investigadores españoles no habían sido capaces de analizar.


La base de datos del FBI incluyó las huellas dactilares de Brandon Mayfield una persona de treinta y siete años de edad, abogado de Portland, las huellas de Mayfield se obtuvieron cuando se desempeñó como teniente en el ejército de Estados Unidos. A pesar de la calidad pobre de las imágenes digitales enviadas por los investigadores españoles, tres examinadores de la unidad de huellas dactilares latentes del FBI encontraron positivo la coincidencia entre las huellas dactilares de la escena del crimen y las de Mayfield.


Aunque Mayfield nunca había estado en España, el FBI estaba comprensiblemente intrigado para encontrar una coincidencia con sus huellas dactilares: Él se había convertido al Islam en la década de 1980 y había despertado el interés por la defensa de un sospechoso de terrorismo musulmán, Jeffrey Battle, en un caso de custodia de los hijos. El FBI entró en casa de Mayfield encontrando pruebas en computadoras, copias del Corán, y lo que se describió como “documentos españoles” los cuales eran tareas de uno de los hijos de Mayfield. Mayfield fue encarcelado bajo la Ley Patriota como “testigo material” y fue puesto en libertad dos semanas después, pero no estaba totalmente absuelto de sospecha o liberado de restricciones hasta cuatro días más tarde, cuando un juez federal desestimó el proceso “testigo material” en su contra.


Después de la decisión del juez, éste ordenó al FBI devolver todos los documentos personales incautados a la casa de Mayfield, el buró emitió un comunicado pidiendo disculpas a él y a su familia por “las dificultades que este asunto había causado.” Las investigaciones iniciales del FBI sobre este suceso indicaron que hubo un error debido a que la supercomputadora que tienen maneja en promedio 30,000 peticiones para análisis de huellas dactilares. Finalmente, el 17 de noviembre 2004, un equipo internacional de expertos forenses, dirigido por Robert Stacey, jefe de la unidad de garantía de calidad de Quantico del FBI, Virginia, llegó a la conclusión de que los dos expertos en huellas dactilares pidieron confirmar la opinión del primer experto y este incurrió en error porque “la cultura del FBI desalienta examinadores de huellas dactilares a estar en desacuerdo con sus superiores”. “testigo material” en su contra.


Después de la decisión del juez, éste ordenó al FBI devolver todos los documentos personales incautados a la casa de Mayfield, el buró emitió un comunicado pidiendo disculpas a él y a su familia por “las dificultades que este asunto había causado.” Las investigaciones iniciales del FBI sobre este suceso indicaron que hubo un error debido a que la supercomputadora que tienen maneja en promedio 30,000 peticiones para análisis de huellas dactilares. Finalmente el 17 de noviembre 2004, un equipo inter-nacional de expertos forenses, dirigido por Robert Stacey, jefe de la unidad de garantía de calidad de Quantico del FBI, Virginia, llegó a la conclusión de que los dos expertos en huellas dactilares pidieron confirmar la opinión del primer experto y este incurrió en error porque “la cultura del FBI desalienta examinadores de huellas dactilares a estar en desacuerdo con sus superiores”.



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