Daño Psicológico

Por Roberto González Toríz


Resumen

El presente trabajo presenta un análisis del concepto de daño psicológico, con la finalidad de clarificar su definición y uso en la práctica forense, dado que es usual que se confunda este término como daño moral. Se analiza el curso del daño psicológico y los indicadores psicológicos asociados al mismo y la utilidad del informe forense.


Palabras claves: daño psicológico, lesión psíquica, evaluación psicológica.


Introducción


Durante el mes de enero y febrero del 2019, se tuvo un registro de 5 mil 803 personas asesinadas en México, convirtiéndose ese bimestre, en el más violento del cual se tenga registro (Animal Político, 2019). Así mismo, durante el mes de mayo se registraron 164 homicidios dolosos en la Ciudad de México representando un promedio de 5.2 personas asesinadas al día, siendo otro de los periodos más violentos del que se tenga registro en la época actual de la capital mexicana (Animal Político, 2018).


Acorde al portal de datos abiertos de la Ciudad de México, durante los primeros cinco meses de ese año fueron asesinadas 686 personas, significando un incremento del 18.27% en comparación con el mismo periodo del 2018. Con ello, se observa cómo el aumento de delitos violentos ha sido una constante en la vida cotidiana de los habitantes de la capital.


En esta misma línea, la violencia es un fenómeno social que afecta a la sociedad y se entremezcla en las diferentes interacciones del acontecer diario; la Guía de valoración del daño psíquico en víctimas adultas de violencia familiar, sexual, tortura y otras formas de violencia intencional, (Lima, Perú 2001), establece que la violencia genera secuelas importantes en las víctimas, familiares y sociedad en general.


Echeburúa, Corral y Amor (2004) establecen que los delitos violentos se entienden como sucesos negativos que son experimentados de forma brusca y que generan dos elementos importantes: terror e indefensión. A la vez ponen en peligro la integridad física y/o psicológica de la persona dejándola en un estado emocional incapaz de afrontar con sus recurso habituales; siendo de esta forma que la funcionalidad de un individuo estaría siendo afectada por la vivencia de ese evento dando pie al llamado daño psicológico.


Desarrollo


Entendemos entonces que cualquier evento violento que se llegue a experimentar supondrá un quiebre en la esfera de seguridad de la persona, y que por ende afectará a las núcleos más cercanos del individuo, como la familia. Siendo entonces que el daño psicológico se refiere en primera instancia a las lesiones psíquicas agudas producidas por un delito violento, que, en algunos casos, pueden remitir con el paso del tiempo, el apoyo social o un tratamiento psicológico adecuado, y por otra parte, a las secuelas emocionales que persisten en la persona de forma crónica, como consecuencia del suceso sufrido y que interfieren negativamente en su vida cotidiana(Echeburúa, Corral y Amor, op. cit.).


Entendemos entonces que después de la comisión de un delito violento, se pone en marcha procesos en la persona que pueden llevar a un malfuncionamiento del individuo, incapacitándolo para seguir realizando actividades que anteriormente eran cotidianas. Es importante hacer una diferencia conceptual entre el llamado daño psicológico y moral; Muñoz (2013) establece que el primero hace referencia a las consecuencias psicológicas derivadas del delito, perteneciendo a una categoría empírica, es decir, mensurable y objetivable, siendo materia dispuesta de una intervención pericial. El segundo término (daño moral) haría referencia a todo aquel sufrimiento de la persona que se genera por algún tipo de perjuicio, siendo un concepto ambiguo, impreciso, no científico y por lo tanto carente de intervención pericial.


Las secuelas emocionales que pueden aparecer después de la experimentación de un episodio violento, acorde a Esbec (2000, mencionado en Echeburúa, Corral y Amor, op. cit.), son: humillación, vergüenza, culpa o ira, ansiedad, preocupación constante por el trauma, reexperimentación del mismo, depresión, pérdida progresiva de confianza personal, disminución de autoestima, pérdida del interés y concentración en actividades anteriormente gratificantes, hostilidad, agresividad, uso de drogas, alteraciones en el ritmo y contenido del sueño, entre otras.


La formación del daño psicológico cursa por tres fases:


  1. Shock o Desorganización: Es una reacción inmediata, ocurre a los minutos u horas del suceso; suele tener dos tipos de shock, el activo que está constituido por agitación, gritos, enturbiamiento de la conciencia, hiperactivación, deambulación; y el shock pasivo, compuesto por catatonia, paralización o hipoactividad motriz, deambulación, enturbiamiento de la conciencia.

  2. Reorganización: Es una reacción a corto plazo, puede ser en semanas o meses, comienza a aparecer una sintomatología traumática aguda o una negación de la misma.

  3. Readaptación: Suele presentarse de 6 meses a 2 años después del evento, es una reacción a largo plazo.



De acuerdo a lo anterior, la evaluación del daño psíquico, acorde a Muñoz (op. cit.) es más factible realizarla en torno a los 3 – 4 meses posteriores al hecho delictivo; sin embargo, acorde a nuestro Sistema Acusatorio Adversarial, el psicólogo forense puede tener participación desde el inicio, con la finalidad de valorar la capacidad procesal de la persona denunciante. Así mismo, es importante señalar que el proceso de victimización (generar daño, en cualquier dimensión, a una persona) no siempre es igual en todos los individuos, hay variables que influyen para el desarrollo de daño psicológico.


De modo tal que los elementos que influyen para la aparición de una secuela psíquica en una persona serían: el tiempo en el que aconteció el evento, el contexto, las condiciones individuales (existencia de alguna discapacidad, enfermedad, problema psicológico, trastorno psiquiátrico, etc.), forma y frecuencia de la agresión, el vínculo de la persona con el agresor, redes de apoyo primarias y secundarias.


Así mismo, es importante señalar que la evaluación del daño psicológico, puede tener dos finalidades:


  1. Acreditar las consecuencias en las víctimas para probar la culpabilidad de alguien.

  2. Establecer la reparación del daño (entendiéndose esto como medidas para restaurar a la persona a un estado parecido al original que tenía antes del episodio violento).


Conclusiones


Los informes forenses que se realizan sobre el daño psicológico estriban sobre dos tipos de hechos: situacionales (hacen referencia a eventos en una sola exposición, robo con violencia, asalto sexual, accidentes de tráfico, lesiones tortura) y sistemáticos (eventos que son prolongados en una serie de tiempo, maltrato infantil, acoso sexual, violencia de pareja, mobbing [acoso laboral]).


Como se mencionó la evaluación psicológica en este rubro servirá tanto para acreditar las consecuencias psicológicas o sociales que ocurren en las víctimas con la finalidad de acreditar la culpabilidad del agresor, así como para poder solicitar la reparación del daño, el cual no sólo consistirá en una cuestión económica o terapéutica, sino puede ser un proceso de acompañamiento de reinserción en su comunidad, psicoeducación, etcétera.


Debe de entenderse que no existen reacciones típicas de los efectos violentos en las personas, es decir no todos los individuos van a reaccionar de la misma forma a un episodio de violencia. La labor del psicólogo forense será investigar si existen indicadores de su ciencia asociados o relacionados con los hechos denunciados y que éstos se asocien a una determinada forma de pensar, de relacionarse, de afrontar; acorde a Fernández- Ballesteros (2013) se debe de realizar un análisis ideográfico y nomotético.

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