Condiciones Mínimas que Debe Cumplir un Artefacto para ser Considerado Arma de Fuego


Artículo extraído de la Revista Expresión Forense N° 45, escrito por



Un arma que lanza un proyectil a través de un tubo llamado cañón, por medio de la expansión de gases creada por la deflagración de la pólvora.

En el presente trabajo se exponen algunas definiciones del concepto “arma de fuego” y se realiza una interpretación técnico forense y de aplicación práctica, tendiente a identificar los elementos mínimos necesarios para considerar algún artefacto como “arma de fuego”. Palabras clave: Arma de fuego, cañón, pólvora, deflagración, proyectil.



INTRODUCCIÓN


Uno de los cuestionamientos más frecuentes, para los peritos en balística forense, es determinar si un artefacto determinado puede ser considerado como arma de fuego. El caso típico en el que surge esta duda para los juristas, es precisamente cuando, siendo parte de un asunto jurídicamente controvertido, el artefacto en cuestión tiene la apariencia física y funcional de arma de fuego. En estos casos el perito en balística con frecuencia busca la respuesta en alguna definición técnicamente aceptada o incluso en algún ordenamiento jurídico, sin embargo, difícilmente podemos encontrar en una sola definición, de cualquier objeto o concepto, el contenido total de los elementos que lo caracterizan además de que, como en el caso de las armas de fuego, los ordenamientos (normas) jurídicos no siempre incluyen las definiciones de los elementos sobre los cuales se aplican.


Lo anterior implica la necesidad de interpretar de manera técnica, tanto las definiciones aceptadas, como la forma en que el concepto se aborda en la práctica. Es por ello que en el presente trabajo se analizan y desglosan algunas definiciones de arma de fuego, técnicamente aceptadas por la comunidad forense y esto se acopla con la forma en la que tácitamente se identifican o descartan estos artefactos en el medio jurídico que los regula, para el caso de México: la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA).

DESARROLLO

Iniciamos con la transcripción de algunas de las definiciones de arma de fuego más utilizadas en nuestro medio:

• Rafael Moreno González, en su obra “Balística Forense” (Moreno, 2014) define arma de fuego de la siguiente manera: “Son instrumentos de dimensiones y formas diversas, destinadas a lanzar violentamente ciertos proyectiles, aprovechando la fuerza expansiva de los gases que se desprende en el momento de la deflagración de la pólvora”.

• Por su parte Octavio Cibrián Vidrio, en su libro titulado “Balística Técnica y Forense” (Cibrián, 2011) define arma de fuego como sigue: “Artefacto mecánico destinado para ofender o defenderse, de variadas formas y dimensiones, que utiliza la presión generada por la combustión de la pólvora para expulsar a gran velocidad uno o varios proyectiles a la vez”.

• En el Comité Nacional de Expertos en Balística (CONEBAL), en reunión de trabajo en la que un servidor estuvo presente como miembro del grupo (2008), se aceptó la siguiente definición (después de analizar las respectivas de varios autores reconocidos): “Es todo artefacto mecánico diseñado para disparar proyectiles, utilizando la energía generada por los gases, producto de la deflagración de la pólvora”.

• En diversas reuniones del Grupo Iberoamericano en Trabajos de Balística Forense (GITBAF), (en las cuales tuve el privilegio de participar) se generó un documento denominado “Manual de Buenas Prácticas en Balística Forense” (GITBAF, 2011), el cual contiene la siguiente definición: “Es un arma que lanza un proyectil a través de un tubo llamado cañón, por medio de la expansión de gases creada por la deflagración de la pólvora.

En dichas definiciones, aceptadas a nivel internacional por la comunidad forense de balística se encuentran las siguientes coincidencias:

1. De todas y cada una de las definiciones se deduce claramente que un arma de fuego es un artefacto constituido como una unidad, es decir, no estamos hablando de sus partes por separado y, por ende, debe poseer un sistema mecánico mediante el cual se produzca la percusión. Un claro ejemplo de esta interpretación son las fábricas armadoras de artefactos, por ejemplo, de vehículos, en las cuales, no se considera que hay vehículos por el simple hecho de encontrar componentes por separado, sino hasta el momento en el que dichos componentes se encuentran totalmente ensamblados se puede identificar el artefacto como un “vehículo automotor”.

2. El artefacto debe estar diseñado para lanzar proyectiles. No se trata de un dispositivo que simplemente “pueda” lanzar proyectiles o que lo haga casual o accidentalmente, sino que ha sido proyectado para tal fin.

Un ejemplo absurdo que nos puede clarificar esta idea es el siguiente: un vehículo automotor puede atropellar y con ello, en un momento dado, causar lesiones o hasta privar de la vida a una persona, pero, no por esta razón el vehículo ha de ser considerado como un arma, o como un artefacto “atropellador”.

3. Indudablemente el elemento fundamental para propulsar al proyectil es la pólvora. La combustión de la pólvora se lleva a una velocidad relativamente alta, es por ello que se denomina “deflagración”, término utilizado comúnmente en la balística. Si el proyectil es impulsado por alguna fuerza distinta a la que se genera a consecuencia de la deflagración de la pólvora, entonces no se trata de un arma de fuego. En este caso encontramos algunos ejemplos típicos:


» Armas deportivas de fulminante y munición: son artefactos con cualidades similares a las de un arma de fuego, pero que no utilizan pólvora para lanzar el proyectil; utilizan únicamente la fuerza de los gases que se producen con el estallido de un fulminante. Si bien un fulminante es un elemento encontrado en los cartuchos de arma de fuego, no está constituido de pólvora, por lo tanto, si el objeto en cuestión sólo utiliza el fulminante (y no pólvora), entonces no puede ser considerado “arma de fuego”.

» Armas que utilizan la energía de algún gas previamente comprimido. Las armas que emplean por ejemplo CO2 comprimido para impulsar al proyectil (y, por ende no usan pólvora) no pueden ser considerados “armas de fuego”.

4. Para que el artefacto cumpla su cometido, el proyectil (o proyectiles) debe ser lanzado a través de un elemento llamado “tubo cañón”, o simplemente “cañón”, de lo contrario, el proyectil no causará los efectos para los cuales se diseña un arma de fuego; esto quiere decir que, si el artefacto en cuestión no posee cañón, no debe ser considerado como un “arma de fuego”.


De los criterios anteriores, el único que pudiera causar controversias, siempre y cuando se cumplan los otros tres, es el descrito en el punto 4, sobre todo para los casos en que el diseño del arma (básicamente de fabricación industrial-comercial) permite quitar con cierta facilidad el cañón o incluso intercambiárselo. En estos casos tenemos un artefacto que, al cumplir con los otros tres requisitos, el cañón pasa a convertirse en un elemento físico, como cualquier otro constituyente, aunque indispensable para el arma, como lo son el martillo o la aguja percutora y, no por la ausencia de alguno de estos elementos dejaríamos de considerar el arma de fuego como tal. Es decir, que la ausencia de cañón no siempre es suficiente para eliminar a un artefacto del concepto de arma de fuego. No obstante, en otros casos el cañón es un elemento totalmente indispensable, tanto estructural como funcionalmente, por ejemplo, en el caso de las escopetas y, en general las armas largas; en estos casos no resulta técnicamente viable llamarla arma de fuego a un artefacto que carece de cañón.

Por otro lado, el incumplimiento de cualquiera de los primeros tres criterios, automáticamente deja fuera del grupo de las armas de fuego a cualquier objeto. Tan es así que (aquí es donde identificamos la forma tácita en la que se identifican o descartan estos artefactos en el medio jurídico) las armas deportivas de fulminante y munición (o similares) y las armas de gas comprimido, no son reguladas por la SEDENA ni para su portación, ni posesión ni en su compra-venta.


CONCLUSIÓN

Los elementos o criterios mínimos indispensables que debe poseer un artefacto para ser considerado como “arma de fuego” son:

• Ser un artefacto constituido como una unidad.

• Estar diseñado específicamente para lanzar proyectiles.

• Utilizar pólvora como agente propulsor. Adicionalmente en términos técnicos y salvo algunas excepciones:

• Contar con al menos un elemento físico a través del cual será expulsado el proyectil, es decir, contar con al menos un cañón.

Una vez identificadas estas cualidades en un artefacto, podrá ser catalogado como un arma de fuego y, por lo tanto, ser clasificado de acuerdo a los criterios técnicos de la balística forense aplicables.

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