Bases Psicológicas de la Violencia Social

Escrito por Jorge Silva García, fragmento del articulo.


Violencia viene del latín violentia= acción violenta o contra el natural modo de ser. Acción de violar a una mujer. Violento= que está fuera de su natural estado. Que obra con ímpetu y fuerza. Aplicase al genio arrebatado, impetuoso.



La violencia como la define el Diccionario de la Lengua Española, siempre se refiere a actos o acciones de los seres humanos. Toda violencia implica la propensión a la agresión destructiva, por lo que debemos señalar que en el ser humano existen dos tipos de agresión enteramente diferentes entre sí:


El primero lo comparte con todos los animales; es un impulso filogenéticamente programado para luchar o para huir cuando están amenazados intereses que le son vitales; esta “agresión benigna”, defensiva, está al servicio de la sobrevivencia, es biológicamente adaptativa y cesa cuando cesa la amenaza. El otro tipo es la agresión maligna, la crueldad y la destructividad, son exclusivas de la especie humana; no están programadas filogenéticamente, ni son biológicamente adaptativas y su gratificación puede resultar un excitante lascivo.


De hecho, Fromm, precisa que el sadismo, la crueldad y la destructividad son las únicas perversiones humanas.


La idea de que la crueldad y la destructividad son determinadas por un instinto todopoderoso que proviene de nuestros antepasados animales, no deja de ser un intento desesperado para justificar tanto sadismo, crueldad y destructividad humanos. Pero un hecho es que el ser humano intente justificar su agresión maligna con el supuesto origen animal de la agresión, como lo hace Conrad Lorenz,3 y otro muy diferente es justificar lo injustificable, por lo cual nos vemos obligados a buscar las raíces de la agresión maligna y, en consecuencia, los medios para humanizar a nuestra sociedad.


La violencia es un término que sólo se puede aplicar a actos de un ser humano, porque es el único dotado de conciencia, de la capacidad de distinguir el bien del mal y, consecuentemente, es el único capaz de maldad, de malevolencia, de hacer el mal por el mal mismo, a la vez que es el único capaz de crear belleza, armonía, amor, lo más bello y lo más excelso.


El mito del paraíso perdido, aunque se vea la expulsión de Adán y Eva bajo una perspectiva autoritaria o humanista, refleja con claridad que el nacimiento del ser humano es un acto negativo, puesto que se ven obligados a dejar de ser uno con la naturaleza, y al hecho de que no podrán regresar jamás al Paraíso de donde nacieron. Este hecho existencial marca dos tendencias en conflicto, en el ser humano: una, de emerger del útero, del modo animal de existencia, a una modalidad que debiera ser cada vez más humanizada; la segunda es la tentación de regresar al útero, al regazo materno, a la naturaleza, a la certitud y a la seguridad del paraíso.


En la vida del ser humano se percibe la impronta de esta dicotomía ineludible de regresión; entre el a un tipo de existencia que bien podemos llamar animal, por la notable disminución de la capacidad para razonar, porque es un negar la individualidad propia, en un proceso siempre doloroso, causal de enfermedad mental, pues se deja de ser quien se puede ser; fomenta a la inclinación necrófila por lo muerto, por las cosas, por todo lo carente de vida.


En cambio, el proceso de progresión, aunque lento y también doloroso, es un esfuerzo hacia la individuación y el desarrollo posible de las potencialidades humanas creativas; es la inclinación a la biofilia, a la vida y a lo vivo, es proteger y cuidar de la biosfera y todo lo que ésta abriga; es la toma de consciencia del amor y de la libertad. La alternativa a la regresión inclina hacia lo más negativo del ser humano, no sólo a una dependencia creciente que anula aún más al yo propio, al irlo paralizando, sino incluso a la emergencia de lo más mezquino y malévolo, a la crueldad y a la destructividad. Resulta difícil encontrar malevolencia en quien en verdad busca su individualidad y maduración en su progresión.

En el corazón del hombre Fromm6 señala un “síndrome de decadencia”, caracterizado por la triada siguiente: por una intensa fijación a la madre, un narcisismo acentuado y rasgos marcados de inclinación a la necrofilia.


Podemos decir que el proceso de maduración del ser humano, ese ir del gatear al correr como ejemplo posible de vida independiente, consiste en un proceso gradual de liberarse de las intensas ataduras emocionales a la madre (esté ausente, muerta o presente), a la tierra y a la sangre. No se debe confundir el amor, con la dependencia, ya que todo amor, como lo señala Platón, sólo es posible entre seres libres, independientes, es ser dos y al mismo tiempo ser uno. Entre mayor sea la fijación a la madre, se es menos objetivo en las áreas afectivas, aunque el desarrollo ocupacional o intelectual sean arriba de lo normal, porque la demanda de trabajar es un imperativo social, en general, hoy en día. A la sociedad no le importa la felicidad o la desdicha de los seres humanos.

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