¿Por qué los animales, incluido el ser humano consumen droga?

Anónimo, extraído de la Revista Expresión Forense



Si bien hasta hace pocos años casi se desconocía el empleo de sustancias psicoactivas –alteradoras de la percepción, comportamiento o estado de ánimo– entre los animales, y no se presentaba casi atención a estos datos, recientemente los etólogos (estudiosos del comportamiento animal) han ido desvelando uno tras otro, y casi sin solución de continuidad, docenas de casos que abarcan desde renos micófilos a cabras cefetómanas, desde elefantes borrachos a hormigas que se embriagan hasta perder el norte. Hasta este momento el número de especies de las que se tiene conocimiento de este comportamiento ascienden a más de 300, y parece que número va en aumento. Para no desvelar todo antes de empezar, decir que el comportamiento de estos animales no es accidental: conocen bien lo que buscan, y a veces lo buscan empecinadamente.

¿Cabe preguntarse y suponer que los seres humanos y los animales no humanos buscan y toman sustancias psicoactivas por motivos parejos? Aunque se anticipa una respuesta, cabe al menos decir que en este universo ‘no nos encontramos solos’ cada vez resulta más difícil dar con un aspecto que los humanos no compartan con el mundo animal.

Los animales también se drogan


Una rata negra (Rattus rattus) caminaba dando trompicones contra raíces y piedras. Tan confiada estaba que incluso podía tocarse sin que se inmutara. Normalmente ariscas, huidizas y hasta peligrosas, su extraño comportamiento tenía una única explicación: estaba drogada.

Su vicio había sido los frutos y brotes jóvenes del acebiño (Persea indica), un árbol propio de las selvas atlánticas con propiedades alucinógenas. No era un caso aislado. En realidad, más de 300 especies animales se drogan de una forma u otra y, en contra de lo que pueda pensarse, lo hacen de manera intencionada, sabiendo los efectos que esas plantas u hongos les producirán en el organismo. Y como a nosotros, tal elección les trae más problemas que ventajas, pues les deja indefensos ante los depredadores. Los ejemplos son numerosísimos y harto curiosos.


En Madagascar, los lemures negros (Eulemur macaco) utilizan una secreción venenosa de un milpiés como eficaz insecticida para su piel, pero acaban completamente alocado. El jaguar (Panthera onca), directamente se droga con las hojas de una enredadera. Y los indígenas le imitan consumiendo la misma sustancia, en la ilusión de obtener parte de las prodigiosas dotes de cazador de este poderoso felino americano. En el Círculo Polar Ártico también hay sitio para los estupefacientes. En esas frías tierras los renos (Rangifer tarandus) se han aficionado a los placeres emanados de comer una seta, la Amanita muscaria, cuyo efecto en los humanos, los Samis, un pueblo nipón, es el de tener la impresión de volar. Probable origen, de los renos voladores de Papá Noel.

Otra especie golfa es el elefante, adicto a la fruta fermentada del marula o amarula (Sclerocarya birrea), un árbol propio del Sahel africano del que se extrae un famoso licor parecido al Bailys. Algo que yo no me creía (deben hacer falta centenares de kilos de esa fruta para tumbar a uno de estos grandiosos animales). En todo caso, parece quedar claro, no todo en la Naturaleza es tan perfecto como podíamos pensar.

Toxicosmos Animal.

Se pensaba que la Fauna solamente se intoxicaba en los Comics del gato Fritz. Pues sepan que con este artículo podrán confirmar, entre otras muchas cosas, que los elefantes ven a sus tocayos del color de la pantera de los dibus, que ciertas aves alucinan pajaritos, y que, la mayor parte del tiempo las cabras están en el éxtasis. En otro orden de cosas, y como si de una ONG juvenil se tratase, este artículo servirá para aquellos jóvenes incautos que en algún momento de su existencia tengan que justificar el coqueteo con las “malignas”, caso de la embarazosa situación en que Mamá interroga acerca del librillo Smoking de Lux encontrado tras limpiar la habitación o, peor todavía, acerca de alguna de las psicodélicas pipas de agua ocultas entre la ropa del cajón. Y es que, jóvenes, existe una respuesta alternativa al “ah, eso...eso es de un conocido” o a la de “Es un artilugio para la clase de Química”. En adelante, al margen de esas trilladas y poco elaboradas respuestas y con este artículo en la mano, podrán, si lo desean, soltar un “Madre, sepa usted que embriagarse es natural e inherente al ser humano” o, dependiendo del caso, un “Ma, que el gato también se droga”. Y es que es, justamente el de los gatos, el caso más famoso de colocón animal.


Estos domésticos felinos cultivan la afición por la llamada nébeda (Nepeta cataria), una hierba muy común en los campos silvestres que contiene los llamados nepetalactones (terpenoideos volátiles) con fuerte poder psicoactivo.

Hecho este que, como todo lo que viene a continuación, ha sido contrastado por el estudio Animales que se drogan del etnobotánico Giorgio Samorini; lectura que a su vez ha inspirado este artículo y que menciono por si lo aquí contado les suena a mariguanada. Volviendo al tema que nos ocupa, se ha demostrado que los gatos que tienen acceso a esa planta se muestran de hecho más felices que los que no lo tienen. Mientras los gatos se ponen –como el del cuento– las botas, es posible que algún amo-conservador esté ahora mismo pensando “oh no, mi gato no, mi pequeño Micifuz no toma drogas”. Jaja, no saben que esta “lacra” tiene lugar hasta en las mejores familias, y para mayor desesperación, los gatos no solo se meten la mencionada nébeda sino que incluso son verdaderos politoxicómanos. También estos crazy cats acuden a sucedáneos más baratos, como es el de la Valeriana. En efecto, esta aparentemente inofensiva hierba les produce a los gatos su efecto: una ebriedad como en fin de semana. Por otro lado, al igual que entre humanos, dentro del Mondo Miau también existen castas. Así, se sabe que los mininos del Japón ingieren drogaína de mayor calidad, el Matatabi, una planta cuya reacción les deja en aparente estado de éxtasis. Cuenta Samorini que su jardín donde crecía la mencionada nébeda, en primavera y a última hora de la tarde se le llenaba de gatos... Es muy posible que gracias (o por culpa) de este artículo miren a su minino con otros ojos, cuando él a su vez les mire con esa mirada gatuna rezumante de hedonismo. Así pues, si en adelante su mascota desaparece del hogar, además de la posibilidad de que se haya ido de ligoteo con la gata del vecino, o a perseguir gaviotas por el tejado (eso si viven en localidades costeras), no deberían desechar la posibilidad de su animal de compañía haya ejercido el (in)noble arte de “ir a pillar”. Continuando por esta psicoactiva y zoológica travesía, a continuación les revelaré el origen de “hacer el cabra”.

Fue en Etiopia donde el pastor de nombre Kaldi observó cómo las cabras que masticaban ciertas bayas andaban dando saltos toda la noche tal si se encontrasen en una Rave “cabrona”. De ese modo, fue como el moreno pastor descubrió el café y sus propiedades estimulantes. Al igual que sus etíopes compañeras de especie las cabras del Yemen también le dan a los estimulantes, si bien lo hacen a través del Kat, planta con mayor potencia estimuladora que el Café. Otro caso es el de los petirrojos californianos degustadores del fruto del acebo (la famosa baya roja de en Navidad) cuyo uso induce el mismo efecto que un par de de botellas de vino adulterado. Parece ser que por el mes de Febrero la soleada zona se convierte en un Woodstock aviar: pájaros desorientados que se entregan a juegos tontos y que al volar van cayendo uno a uno como si fueran hiperdopados ciclistas. También es conocida la afición de los gorriones por las semillas de cáñamo (cañamones), que si bien no son psicoactivos para el hombre, a los privilegiados pájaros sí les “hace efecto”. Es por ello que no es raro encontrar grupos de pájaros entrando con alevosía en almacenes con semillas de cañamo en su interior, para luego, y ya bajo los efectos cannábicos, dar “el cante” con mayor musicalidad y ardor; como lo oyen. Bajando la mirada hacia las especies más pequeñas, decir que las mariposas nocturnas (esfinges) se embriagan con el néctar de las Daturas. Les recuerdo de paso el curioso caso de las arañas del género Zilla X Notata, que al serles suministradas moscas impregnadas de droga, construían telarañas con tramas de tipo arabesco.


Sabiendo de todo este uso y abuso entre las distintas especies, uno no puede evitar proyectar mentalmente los dolorosos síndromes de abstinencia que se debieron suceder en el Arca de Noé; piensen: 40 días y 40 noches a pan y agua, mucha agua... aunque bueno, me olvidaba que entre la tripulación también se encontraban una pareja de camellos. En fin, desviemos ahora la mirada hacia África. Es en el continente negro donde se descubre que la célebre melopea de Dumbo basa su razón de ser en la existencia de elefantes devotos del alcohol, de los cuales se sabe que se alimentan de frutos fermentados caídos de la Palma. No solo eso, sino que los dipsómanos paquidermos se dirigen con fervor hacia la fuente de donde emana el sugerente olor. Así fue que, en 1985, el comportamiento de los descerebrados hooligans ingleses tuvo cierta continuidad en el reino animal: una manada de elefantes irrumpió en un laboratorio clandestino donde se producía alcohol, y tras beber todo lo allí encontrado, salieron a corretear la borrachera cargándose lo que encontraron por delante. No me pregunten si lo de “agarrarse una trompa” tiene relación con lo aquí expuesto. Respecto a los simios se sabe de su afición a las psicoactivos desde que -así lo cuenta el libro- en uno de sus viajes Darwin los descubrió fumando (?). Quizás fue tras esa experiencia que el fulano sacó su Teoría de la Evolución. Otros investigadores como es un tal Brehm cuentan que indígenas capturan a ciertos simios ofreciéndoles vasijas llenas de una potente cerveza. Precisamente, la seta (roja y salpicada de níveos copos blancos, tan afín al sub-mundo de Los Pitufos) es la misma que ingieren caribúes del Canadá y renos siberianos. Lo más curioso es que en la orina de estos bichos perduran los principios psicoactivos de la seta, por lo que los miembros de las tribus de la zona suelen beberse esa micción animal, del mismo modo (aunque por muy distinta razón) que lo hacen los chinorris taoístas con la suya propia.

No es de extrañar pues que los mismos renos de la manada, al percibir el olor a Muscaria en el tibio manantial de un congénere, se abalancen sobre tan particular lluvia dorada. Tal es la afición de estos animales por los universos paralelos que, al igual que el padre “vivalavida” se aleja de la familia jurando ir a por tabaco, los papa-Renos se alejan de sus crías dejando a estas a merced de los lobos. 2 simpáticos animalitos, renos y lobos, que con el tiempo se han convertido -por diferentes motivos- en signo inequívoco de la Navidad. Es, precisamente, del culto a la Amanita Muscaria de donde proviene el personaje de Papa-Noel, cuya imagen conduciendo los renos por el aire ha acabado por formar parte de la cultura occidental.

Que no lo sabían? Pues solo tienen que hacer un simple ejercicio de asociación: rojo y blanco que con su poder impele a los renos a volar. Para terminar este drogado bestiario, y para aquellos que consideren que es solo una tomada de pelo este artículo, pueden observar a la fauna y percatarse de sus sofisticados gustos o bien investigar acerca de esto. Y aunque presumamos de ser seres muy racionales no hemos superado este instinto, o bien los animales han estado tan expuestos a la influencia humana que han decidió adoptar este vicio. ¿Y Usted que creé?

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