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Enero 22, 2021
Escrito por Laura Manzi

‘Hambre de piel’ (titulo original: ‘Skin Hunger’) es un cortometraje de 2019, seleccionado entre las películas que la Oficina Regional de la OIM para Centroamérica, Norteamérica y el Caribe proyectó en diciembre de 2020 en el marco del Festival Internacional de Cine sobre Migración. ‘Hambre de piel’ es la historia de una mujer mexicana, Ximena, que trabaja en Estados Unidos para sustentar a su familia en México. Ximena sufre la lejanía de sus seres queridos, la soledad en su nuevo hogar y la falta de contacto y calor humano.



La directora Kristina Rodemann explica las experiencias y reflexiones que inspiraron su proceso artístico y la realización del cortometraje.

Su cortometraje se disocia de discursos meramente económicos y enfrenta las consecuencias psicológicas de la migración. ¿Es el cine el espacio ideal para discutir sobre el bienestar mental de las personas migrantes? ¿Cuáles son los beneficios que puede ofrecer el cine a este respecto?

El cine ante todo es emotivo y busca plasmar la realidad no hablada, no explícita—lo que sentimos, lo que no decimos a la cara, lo que queremos decir pero nos aguantamos, lo que deseamos, lo que tememos... Cuando vamos a ver una película y presenciamos emociones que conocemos y compartimos, es una maravilla. Nos reconocemos en personajes que no tienen nada que ver con nosotros, sintiendo sus esperanzas y miedos como si fueran nuestros. Las artes, en general, nos ayudan ver más allá de nuestra propia realidad y empatizar con el otro, pero me parece que el cine tiene algo muy visceral, inmediato, y urgente que puede transmitir la experiencia migratoria de una forma matizada, compleja, y humanizante.

En una escena de su cortometraje, la protagonista mira un video de su hijo en su móvil y acaricia su pantalla como si pudiera tocarlo. Sin embargo, esto no le ayuda a combatir la soledad, sino que aumenta su falta de contacto físico. ¿Cuán ‘físico’ es el bienestar mental?

Hay estudios médicos que indican que el contacto físico provoca la creación de la hormona del placer y bienestar, la oxitocina. Neurocientíficos de la Universidad de Virginia han encontrado que el contacto físico aumenta el umbral del dolor, la capacidad de sobrellevar situaciones estresantes. Incluso que un extraño te agarre la mano puede ayudar a bajar los niveles de cortisol en el cuerpo. Yo no soy psicóloga, médico, ni neurocientífica, pero he vivido en primera persona que la falta de contacto afecta la salud mental. Cuando careces de contacto físico, es como no tener casa—pierdes el sentido de pertenencia y de identidad. No puedes pensar más allá del desasosiego que sientes.

La protagonista de su historia es una mujer. ¿Narrar la migración a través de personajes femeninos abre la puerta a nuevas reflexiones? ¿O en cambio considera que le elección del sexo no fue tan relevante para el flujo de la historia?

Es curioso porque cuando estaba desarrollando la idea y el guión, hubo gente que me decía que era una historia muy "femenina", porque el personaje es madre y sobre todo porque la idea de que Ximena buscara algo más primario y básico que el sexo se entendía como un "problema" femenino. Sin embargo, después de proyectar el corto las reacciones más efusivas han sido de parte de hombres que me decían, emocionados, que han sentido lo mismo. Aún no estamos acostumbrados a considerar el punto de vista femenino en primera persona y entender que tiene relevancia universal. Queda aún mucho por descubrir a través de esta mirada.

¿De dónde trajo inspiración para su obra? ¿Por qué le interesa el tema de la migración? ¿Cuál es el mensaje principal que quiso transmitir a través de su obra?

Hace poco experimenté una soledad profunda, física, al llegar a una ciudad nueva y empezar una vida de cero. A pesar de ser hija de migrantes, de haber empezado de cero en varias ciudades y países distintos a lo largo de mi vida, era la primera vez que sentía tal desazón, una sensación de pérdida y desorientación que sentía en los huesos, en la piel, hasta en el cabello—en todo el cuerpo. Una psicóloga me sugirió que estaba experimentando un duelo en diferido, un cúmulo de pena por todos los adioses que he tenido que decir y que no había llegado a procesar. Soy consciente de que cuando he migrado siempre ha sido por elección propia y desde el privilegio de poder escoger mi destino, pero esta experiencia me hizo pensar en amigas queridas que migraron por necesidad, de Kenia, de Ucrania, de Bolivia, de Colombia... en busca de un futuro mejor para su familia. Al comentarlo con una amiga rumana me preguntó si no podría hacer una corto sobre "mujeres como nosotras" y de allí nació la idea—una película sobre una persona migrante, sí, pero más que eso, sobre una mujer como mi amiga, como yo, como todos nosotros.

Autor :Equipo Expresión Forense

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